El sueño americano y los cantos de sirena

Angela Santiesteban Blanco

Hace unos días llegué a casa de unas amistades y estaban viendo un CD del parque Walt Disney en Orlando, Estados Unidos; la grabación reflejaba la majestuosidad y fastuosidad del parque.

Los pequeños de la casa echaron a volar sus fantasías infantiles, y en sus comentarios dejaban escuchar la posibilidad de que en Cuba pudiera existir un parque de ese tipo.

No pude impedir entonces que vinieran a mi mente los más de
cincuenta años de bloqueo económico y comercial de Estados Unidos hacia Cuba, dirigido a desestabilizar a un pueblo con el propósito de regresarlo al sistema neocolonial.

Bajo esa política nacieron y han vivido aproximadamente las dos terceras partes de los cubanos, quienes hemos tenido que padecer, sobrevivir y desarrollarnos en las difíciles condiciones que le impone la única superpotencia, que busca el aniquilamiento de la resistencia de los cubanos. Esta cruel política sigue causando daños económicos a los cubanos; con la implantación y aplicación del bloqueo, las pérdidas ocasionadas al país son millonarias, -datos conservadores-, estiman una cuantía que supera los 82 mil millones de dólares, con un promedio que está cerca de 1 782 millones de dólares anuales.

Esa cifra total no incluye los aproximadamente 54 mil millones de dólares imputables a daños directos ocasionados a objetivos económicos y sociales del país, por los sabotajes y acciones terroristas estimuladas, organizadas y financiadas desde los Estados Unidos.

Estas son algunas de las razones por las cuales los niños cubanos no pueden disfrutar -repito- de parques como los de Walt Disney, y los personajes de los dibujos animados creados por Disney, solamente los conocen por la TV.

No obstante a este férreo bloqueo económico y comercial, el gobierno revolucionario se ha ocupado de la distracción sana y segura de los niños cubanos, y muestra de ello es que a lo largo y ancho del archipiélago existen parques de diversiones, donde pueden realizar sus sueños infantiles de conducir un avión, o un bote, o quizás elevarse en las sillitas voladoras.

Cabe hacer una comparación, nuestros niños están privados de estos majestuosos parques, sin embargo tienen asegurada la educación, la salud, el deporte, y una recreación sana.

Los niños cubanos tienen pueden andar por las calles libremente, con la seguridad de que no van a ser secuestrados, y los padres no sienten temor porque alguien le vaya a suministrar droga, o desaparezcan, como sucede en ese mundo donde aparentemente hay de todo y para todos.

No nos podemos cansar de explicarles a nuestros infantes con un lenguaje apropiado y ejemplos que les hagan entender el porqué en algunas ocasiones el Estado revolucionario, no puede proporcionarles estos tipos de diversiones. Para que desde pequeños se forme en ellos el sentido de pertenencia y de defender lo autóctono, para que nadie los engañe con el sueño americano y los cantos de sirena.

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4 pensamientos en “El sueño americano y los cantos de sirena

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