Archivo por meses: Octubre 2010

Un crimen impune: La injusticia sigue temblando

Angela Santiesteban Blanco

El calendario marca el 6 de octubre de 2010. Recuerdo el funesto 6 de octubre de 1976, cuando se escuchaban los comentarios de que un avión de la línea de Cubana de Aviación había explotado en pleno vuelo en las cercanías de las costas de Barbados.

Nuevamente busqué entre mis libros el texto que narra todo lo acontecido alrededor del sabotaje del avión de de Cubana, escrito por Julio Lara Alonso, perito y especialista del Laboratorio de Criminalística del Ministerio del Interior, quien fuera uno de los integrantes del personal encargado de viajar a Barbados para esclarecer lo ocurrido en ese lugar al DC-8, perteneciente a Cubana de Aviación.

Me atrevo a decir que los acontecimientos que se narran tienen plena vigencia. Hoy quiero compartir una reseña de lo que relata Lara en su libro, y que es de incalculable valor histórico, y a su vez una denuncia de los actos terroristas de que ha sido víctima la Revolución cubana.

Según se relata, esa inolvidable tragedia comenzó con una llamada telefónica:
– ¿Lara?
– Sí.
– Prepárate, que ha ocurrido una catástrofe. Se cayó un DC-8 en Barbados.

Y refiere el autor… “al llegar rápidamente se comenzó la búsqueda, muchas personas habían visto caer la nave frente a la playa Paradise.

“Dicen los testigos que venía soltando mucho humo por los motores y por la cola, y traía las ruedas afuera”.

De igual manera refiere el perito que: …”en los documentos y grabaciones encontrados en el aeropuerto de Seawell, el capitán de la nave informó que el funcionamiento técnico y mecánico del CUT-1201 se encontraba en correcto estado.

“A las 12:00 a.m. el avión comenzó la maniobra de arranque y realizó su despegue a las 12:15 p.m. con destino a Jamaica.

“En el interior se escuchaban los comentarios de las distintas tripulaciones de cubana que viajaban en el avión, y del grupo de deportistas que regresaban llenos de gloria a la Patria, sin saber que el gigante pájaro metálico lo habían herido de muerte, la esperanza de tripulantes y pasajeros confiados se iba acortando sin ellos saberlo, estaban poniendo límite a sus preciosas vidas.

“Eran las 12:00 h, 15 minutos, y 15 segundos del día 6 de octubre de 1976. La torre de control del aeropuerto de Seawell, en Barbados habló nuevamente con el capitán de la nave CU – 4551.

“Pero a las 12 horas, 16 minutos, y 12 segundos se escuchó un grito en la torre de control:

-¡Cuidado!
– Fello, fue una explosión en la cabina de pasajeros y hay fuego
– Regresemos de inmediato; avisa a Seawell
– Seawell…, Seawell…, CU- 4551
– CU – 4551…
-Tenemos una explosión y estamos descendiendo rápidamente, tenemos fuego a bordo.

“A las 12 horas, 25 minutos, y 20 segundos se oyó nuevamente la voz del capitán:

– Seawell CU – 45551… pedimos inmediatamente, inmediatamente pista..
– CU – 4551 autorizado a aterrizar.
– Recibido.

“Eran las 12 horas, 25 minutos y 27 segundos (y se escucharon gritos)
– ¡Cierren la puerta! ¡Cierren la puerta! ¡Cierren la puerta!

“Es en estos momentos donde ocurre una segunda explosión en el área de los baños, y sin percatarse de la situación el copiloto grita:

– ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua!
– ¡Felo pégate al agua! ¡Pégate al agua!

“En ese trágico momento y en milésimas de segundos Wilfredo Pérez, capitán de la nave, en el último intento de razón humanitaria gira el timón hacia un lado para evitar que el avión lleno de combustible y encendido cayera sobre la playa, y así impedir con este heroico gesto que la catástrofe fuera mayor”.

El 6 de octubre el vuelo CU – 4551 nunca pudo llegar a su destino, cayó frente a la playa de Paradise en Barbados y se hundió con su preciada carga.

Las personas que vieron atónitos desde la costa desplomarse al avión, jamás imaginaron que eran espectadores de un acto de terrorismo, y mucho menos contra la pequeña, pero inmensa e indoblegable Isla de Cuba.

Así se sucedieron los últimos minutos -como se puede apreciar en la descripción de Julio Lara, y gracias a las grabaciones encontradas en la torre de control del aeropuerto de Seawell- de los tripulantes y pasajeros del DC-8 de Cubana de Aviación.

Pero ¿quiénes fueron los culpables?
Nada más y nada menos que los terroristas Posada Carriles, Orlando Bosh, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, quienes fueron los autores del vandálico hecho que costó la vida a 73 inocentes personas.
En ese vuelo regresaba a la Patria el equipo juvenil de esgrima, quienes acababan de ganar todas las medallas del torneo centroamericano y del caribe de esgrima. Lo hacían llenos de alegría porque traían para el pueblo cubano todas las medallas que allí se disputaron.
Desde entonces, el pueblo de Cuba pide que se haga justicia en nombre de tantas víctimas inocentes, y se ponga fin al terrorismo de más de cincuenta años contra la isla.
Sin embargo, paradójicamente Posada Carriles, unos de los más connotados terroristas al servicio de la CIA y el gobierno americano, y uno de los autores del abominable crimen de Barbados se pasea libremente por las calles de Miami, mientras que cinco antiterroristas cubanos guardan injusta prisión en cárceles de ese país, sentenciados a penas de hasta dos cadenas perpetuas por luchar contra el terrorismo.
René González, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo y Fernando González Llort, son víctimas de la justicia del gobierno de los Estados Unidos, cuya doble moral ha quedado demostrada al mundo, con las recientes declaraciones de otro terrorista, Chávez Abarca.

Hoy los cubanos seguimos llorando a las víctimas del avión de Cubana, que manos asesinas hicieron volar en pleno vuelo, y una vez más seguimos diciendo que la injusticia sigue temblando mientras los criminales no paguen por este crimen.