El Diablo Rojo, recordado siempre

Angela Santiesteban Blanco

Fotos: Jorge Luis Guibert

“Yo se que es una locura el tirarme así delante de los carros,                                                                                  pero lo principal son los niños”

Emilio Benavides Puente

Muchos personajes curiosos han estado presente a lo largo y ancho del país, y han  pasado  a formar parte de la cotidianidad de la vida en calles y avenidas. Me viene la mente el Caballero de París en La Habana por poner un ejemplo, pero la añosa Santiago de Cuba no se queda atrás.

Cuando aparecía por las calles santiagueras bocina en la boca, y su espigada anatomía sobre patines, aquel hombre que dedicó gran parte de su vida a “dirigir el tránsito” en la calle Trocha, este quedaba paralizado al ver su presencia y escuchar alabanzas como esta:

“Asómate a la ventana, si me quieres ver pasar,

que aquí viene el Diablo Rojo, que te viene a saludar,

aquí viene el Diablo Rojo, que te viene a saludar,

los niños no toman vino, los niños toman café, pioneros por el comunismo, seremos como el Che”…

Emilio Benavides Puente, nació el 6 de octubre de 1901. Miembro de una numerosa familia, sufrieron en carne propia los abusos de la época;  él trató de subsistir como podía.

Desde los ocho años comenzó a patinar, sin imaginar que se convertiría en un hombre famoso; sus movimientos como bailarín excéntrico, piruetas  y sus saltos con gran maestría, además de su vestimenta,  dieron lugar a que lo bautizaran con el sobrenombre de Diablo Rojo.

Emilio Benavides, auténtico santiaguero, tuvo dos grandes pasiones, los patines y el baile, aunque también fue boxeador, y realizó varios oficios hasta que triunfó la Revolución.

El Diablo sobre sus patines,  hizo cinco viajes entre la Capital y Santiago de Cuba, el tramo, de casi 1 000 Km., lo realizó en siete días y tres horas. Por otra parte se dice que hizo grandes saltos en patines.

Cuando le llegó la jubilación, pasó más de 20 años vigilando la seguridad en la vía de los niños de la escuela “Armando García”. Vestido de miliciano, su pañoleta pioneril de color Rojo, su pecho lleno de medallas, piernas en semi-cuclillas y los brazos extendidos, detenía a los automóviles para que las filas de niños cruzaran la calle.

El 22 de febrero de 1995 desapareció este hombre, que amó profundamente a los niños, y se dedicó a cuidarlos cuando cruzaban la calle Trocha, para llegar al colegio.

Cada año, los estudiantes de la escuela primaria Armando García realizan un matutino especial donde se le rinde homenaje a quien dedicó parte de su vida a cuidarlos, y así mantienen vivo el recuerdo de Emilio Benavides, quien bien merece una escultura en las cercanías de ese centro estudiantil.

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2 pensamientos en “El Diablo Rojo, recordado siempre

  1. avatarJuan Tamayo Suarez

    Me gusto el articulo sobre el Diablo Rojo y estoy totalmente de acuerdo en que le haga una estatua en alguna centrica calle de santiago (no en la escuela). Ademas seria bueno que se iniciara un proyecto realista sobre la creacion de estatuas de santiagueros famosos (en el sentido mas amplio de la palabra)para que sean puestas en locaciones publicas de la ciudad de santiago.
    Gracias Angela por existir.
    Juan

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    avatar

    Angela contestó:

    Saludos, y disculpa la demora en responder. Me gustó su comentario. Gracias por seguir mi blog; en los últimos tiempos un poco desactualizado por problemas con mi PC, pero ya estoy de nuevo aquí.

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