¿Quién dijo que todo está perdido?

Angela Santiesteban Blanco

Lidisbell Martínez Jiménez, tuvo suerte de nacer en Cuba. Como cualquier niña o niño tenía sueños y metas que la  llenaban de esperanza, pero la vida le jugó una mala pasada, padece  una enfermedad poco común, la Paniculitis Lupica.

Así comenzó esta historia

Lidisbell nació en Manzanillo, provincia de Granma, era una niña  feliz, hasta que un buen día, con 13 años, su abuelita, Nancy Andino L, descubre una anomalía en su muslo derecho -un hundimiento de la piel-, y en corto tiempo, aumentó y aparece el primer síntoma, dolor en la zona afectada.

Empiezan las consultas: fisiatría, ortopedia, endocrinología, y dermatología. Practican una primera biopsia, la  que no reportó datos clínicos.

Los galenos granmenses, siguieron estudiando el caso, y es valorada por un neurólogo, y remitida a La Habana, donde es hospitalizada en el William Soler cuatro meses, le hicieron diversas pruebas, indicándole inyecciones de esteroides en las lesiones, y consultas de seguimiento.

Según los familiares el tratamiento era traumático, y se deprimía mucho.  Rewuald Martínez A., padre de la niña, desesperado, sigue buscando un nuevo camino, porque la enfermedad persistía, y dice, “fueron días muy difíciles, varios viajes a la capital, en busca de un consuelo, pero, realmente es una enfermedad que no tiene cura.

Y agrega: “me parecía que el mundo se me venía encima.

“De regreso a mi provincia, leí unas palabras de Fidel que me alentaron a seguir buscando la mejoría de mi niña, empiezo a indagar en Internet y veo el nombre de Martiza Batista Romagosa, doctora santiaguera que realiza estudios sobre el padecimiento de mi hija”.

Surge una esperanza

“Contacté con la doctora, y rápidamente me comunicó que viajara a Santiago de Cuba, con mi niña, y mostrando su gran sensibilidad, humanismo y ética, fija la fecha, pero había un inconveniente, no teníamos dónde quedarnos”.

El papá de la niña, antiguo trabajador de la Empresa de Materias Primas de Camagüey -quien hoy labora en la Fábrica Cepill- habla con los directivos de Materias Primas del territorio santiaguero, y la solidaridad y hospitalidad de ese colectivo no se hizo esperar, le abrieron sus puertas.

Nancy Andino L., manifiesta:

“Soy su abuela, y estoy enfrentando este reto que me impuso la vida. Mi nieta padece de Paniculitis Lupica, enfermedad incurable, que la priva de llevar una vida normal,  no puede sufrir estrés ni coger Sol ni comer todo tipo de alimentos. Cuando hace una recaída le salen nódulos en diferentes partes del cuerpo, y requiere de un mes de reposo, para restablecerse, pero al igual que mi hijo  Rewuald, no pierdo las esperanzas de ver a mi nieta bien.

Lidisbell Martínez Jiménez dice:

“Estoy agradecida de  los médicos y personal de salud que me han tenido, especialmente a la doctora Maritza, por el amor y confianza que me ha brindado en todo momento. Además, mi gratitud infinita para los directivos y trabajadores de Materias Primas de Santiago de Cuba y este noble pueblo que me brindó su hospitalidad.

“Creo y tengo muchas esperanzas en los tratamientos que me han indicado, y espero mejorar, porque terminé el doce grado, con el nueve en el escalafón, y quiero seguir estudiando, sueño con ser profesora de inglés como mi papá. Y quiero agregar que amo mucho a Cuba y a nuestro Comandante en Jefe, sin la Revolución me hubiera sido imposible sobrevivir”.

Rewuald Martínez A.,  padre de la niña señala:

“Aunque la enfermedad que padece mi niña es incurable, todo no está perdido, tengo fe, y muchas ilusiones, porque la Revolución hace milagros en el sector de la Salud y estoy seguro de que el Estado y nuestros médicos van a hacer lo humanamente posible para que mi hijita mejore.

“Ahí está el ejemplo de la doctora Romagosa, a quien no puedo dejar de agradecerle eternamente lo que hace día a día, no solo por la salud de mi niña, sino  la de todos sus pacientes, por su gentileza, dedicación y entrega incondicional. Estas son las acciones que nos hacen grandes.

“Estoy endeudado con los directivos y trabajadores de la Empresa de Materias Primas de la provincia que me acogieron como a una familia, me brindaron su hospitalidad y ayuda.

“Tengo que decir que me expresaron que el día que la empresa no pueda asumir  la colaboración que me ofrecen, sus casas están abiertas por el tiempo que sea necesario.

“Y qué decir de la heroica y hospitalaria Santiago, me atrevo a afirmar que en ningún lugar de Cuba se encuentra el calor y voluntad de todos por brindar lo mejor de sí al visitante, dan lo que tienen con el corazón en las manos. ¡Gracias Santiago!, como dijo nuestro Comandante en Jefe cuando entró a esta tierra el 1 de enero de 1959.

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