José Antonio Portuondo: centenario de un cubano en su órbita

Ekaterina Rivera Zvezdina / AIN

Hace un siglo este 10 de noviembre que nació en Santiago de Cuba José Antonio Portuondo, uno de los intelectuales más fecundos y lúcidos del siglo XX cubano, cuya impronta se inscribió entre las mejores tradiciones del pensamiento nacional emancipatorio.

Fue el pionero de los estudios de la literatura en la Isla y pedagogo, diplomático, historiador, lingüista, investigador, crítico, editor, publicista y creador de revistas literarias. También ocupó el cargo de vicepresidente fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Portuondo (1911-1996) pudo pulsar los procesos de formación de la identidad de la Isla en la etapa republicana y en la revolucionaria, con un alto compromiso con la transformación social de sus tiempos sobre las teorías martiana y marxista.

Con su pluma y su verbo enfrentó los desmanes de la corrupción, de la ignorancia y del desprecio a los humildes y vertebró una obra de alto vuelo filosófico que con la cultura como punta de lanza revela la formación de una conciencia patriótica independentista, desde una base antropológica.

Ferviente analista, divulgador y defensor del proyecto sociopolítico de José Martí,  defendía la riqueza de lo autóctono sin chovinismo y sin alejarse de las circunstancias históricas.

Inició sus estudios de Derecho en la Universidad de la Habana, y fue quizás el cierre del Alma Máter por el dictador Gerardo Machado en 1930 y el regreso a la ciudad natal, el hito que le hizo acercarse al costumbrismo y la autenticidad de la vida santiaguera y descubrir su espacio en el contexto nacional.

Tras la caída de ese gobierno regresó a la capital y completó sus estudios en la facultad de Derecho, Filosofía y Letras, colaborando con varias publicaciones, alternando con la labor como crítico y ensayista, y como director y conductor de programas radiales.

En 1941 concluyó su doctorado en Filosofía y Letras con su tesis Concepto de la poesía, editada como libro en 1945, pionera de los estudios científicos de la literatura en Cuba.

Comenzó entonces su labor como profesor en colegios habaneros, preludio de una prestigiosa carrera como pedagogo y conferencista en universidades de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

El triunfo de la Revolución Cubana el Primero de Enero de 1959 sucedió mientras  trabajaba en el exterior y no dudó en regresar inmediatamente y ponerse al servicio de la obra socialista.

Fue profesor de la Universidad de Oriente y su Rector a partir de 1962.

En 1965  lo nombraron Director del recién creado Instituto de Literatura y Lingüística, y se trasladó a La Habana, en cuya Universidad ocupó además el cargo de profesor de Estética, Teoría Literaria y Literatura Cubana, e integró el Consejo Científico del alto centro docente capitalino.

Fungió como embajador de Cuba ante la Santa Sede, miembro de la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO e integrante de la Sociedad Cubano Mexicana de Relaciones Culturales, en la que ocupó la presidencia.

En 1986 le fue conferido el Premio Nacional de Literatura. Sus ensayos y artículos han sido traducidos a los idiomas francés, inglés, ruso, chino, alemán, eslovaco y rumano.

Entre sus textos más conocidos se encuentra el Diccionario de la Literatura Cubana, polémico por las omisiones de varios autores, cuya responsabilidad  aún se discute.

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