Santiago se recupera con el esfuerzo de todos

En medio de la vorágine personal y laboral que ha provocado en mi vida el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba, he pensado compartir con ustedes algunas ideas, pero siempre, hasta hoy domingo, ha existido una fuerza mayor que me ha demorado, pero aquí estoy.

Amanecí el 25 de octubre fuera de casa, la retaguardia estaba garantizada, trabajé junto a un grupo de compañeros, trasmitiendo para Internet, redes sociales y la programación especial de la Radio y la Televisión, hasta cerca de la 1 de la mañana, cuando las averías en las líneas nos impidieron continuar.

Es indescriptible lo que se siente, aunque pensé que estaba preparada para ello, cuando amaneció, después del paso de Sandy, y vi a mi Santiago destrozado, casi sin árboles, los techos de tejas y fibro destruidos, las edificaciones que parecían resistentes, también con daños, las personas con casas derrumbadas, paradas al frente, casi sin explicarse lo ocurrido.

Luego intentar llegar a casa, parecía imposible, las calles que conducían hacia nuestras zonas, estaban obstruidas por cables, postes, árboles, escombros…

Yanet Alina, joven periodista, se quejaba de un fuerte dolor de cabeza, parecía increíble lo que veía; Leyden, no hablaba mucho; José Angel, ya sabía que su casa y la de su familia había sido dañada, pero la destrucción general le dio fuerzas para decir: “creo que mis daños son menores si los comparo con lo que estoy viendo”.

Luego de vueltas y vueltas en el carro y de caminar un tramo, llegué a la entrada de mi reparto, el centro urbano Abel Santamaría. No salía de mi asombro: se repetía la imagen de los árboles, cables y postes, se añadía otra: muchos edificios tenían dañadas las persianas de madera y de aluminio, recién puestas, los tanques de las azoteas, sin tapas… las personas impresionadas, con disímiles comentarios.

Han pasado, a penas cuatro días del azote de Sandy. Anoche cuando salí del periódico sentí alegría y un gran estímulo: ya había iluminación en algunos circuitos; eso dice mucho de cuánto se ha trabajado, santiagueros y de otras provincias, para ir restableciendo el servicio eléctrico y la telefonía.

Cerca de las 9 de la noche detuvimos el carro en medio de la autopista. Todavía trabajaba allí una brigada de linieros de la provincia de Villa Clara, conversamos, les dimos las gracias por la solidaridad. No la aceptaron, “era un deber y obligación con los hermanos de Santiago de Cuba”.

Más que agradecidos estamos todos de la solidaridad entre cubanos, entre seres humanos, de la preocupación y ocupación del Gobierno, el Partido, las instituciones y organismos, liderados por la máxima dirección de la Revolución, para enfrentar juntos esta etapa de recuperación, que es dura, pero estoy segura que saldremos adelante.

Más adelante, en otro alto en esta hermosa profesión que hoy exige mucho más de nosotros, les cuento más de Santiago y su recuperación.

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