Breve historia de la perfumería en Cuba (1800-1959)

Cari Lorenzo

Durante todo el siglo XIX de la industria perfumística en Cuba la tuvo la preponderancia de la perfumería europea, representada fundamentalmente por Francia, y en menor medida por Alemania y España. En la Isla se podían encontrar productos franceses en todos los establecimientos de ventas de perfumería, farmacias y casas particulares donde vivían los agentes exclusivos de venta de estos productos, quienes además eran sus representantes en el país. Los mismos eran usados por las damas de la sociedad cubana, a pesar de que se distribuían recetas para hacer preparados en la casa con flores del jardín y del campo a través de diversos medios de comunicación principalmente prensa escrita y radial.

En 1860 se inauguró, con capital español, la primera fábrica de cosmética y productos de aseo de Cuba: Sabatés, cuyo dueño fue Juan Sabatés. Con posterioridad, en 1863, se fundó Crusellas, cuyos dueños fueron los hermanos Crusellas. Ambas fábricas formaron los llamados primeros Grandes Consorcios Cubanos, los que se encontraban en el Cerro, antiguo barrio industrial de la Ciudad. Sin embargo, nuestras damas continuaron usando los productos que venían de la vieja Europa y que se habían establecido con mucho éxito sobre todo en La Habana.

También debemos señalar que estas dos fábricas comenzaron haciendo solo jabones, los cuales tendrían que empezar a establecerse en el mercado y en la mente de los consumidores.

Así llegamos al siglo XX donde ocurrirían un acontecimientos que cambiarían el destino de este país y con ello la producción, distribución y venta de la perfumería, productos de aseo y cosmética.

Con la inauguración de la República en 1901, tenemos una enorme cantidad de productos y artefactos norteamericanos que invaden el mercado, la cultura, el vestir, y el idioma, entre otras esferas de la vida cotidiana, y que se difunden por toda la sociedad cubana de la época.

Los norteamericanos para legitimar su presencia en Cuba le pusieron el apellido de Cuba a todas las empresas y establecimientos que radicaban en nuestro país: ejemplo: Revlon Overseas de Cuba, Compañía Mennen de Cuba, Avon de Cuba, entre otros.

Al mismo tiempo se incrementaba la llamada “producción nacional” elaborada en Cuba fundamentalmente por Sabatés y Crusellas, además de lo proveniente de farmacias como Sarrá, Taquechel y Jhonson, y la producción de las pequeñas perfumerías cubanas.

Las Casas parisinas establecidas en La Habana desde el siglo XIX y que vendían líneas completas de una misma marca de productos eran sobre todo: Guerlain, Molinard, Vivaudou y Pompeia; además en las perfumerías y droguerías se vendían: Floramye, Coty, L.T.Piver, etc.

La mayoría se encontraba en el centro de la ciudad, y las damas que vivían en el interior y querían tener acceso a estos productos, los tenían que mandar a buscar a La Habana o directamente a Francia. También existían para algunos productos que no tenían puntos de venta los mencionados agentes exclusivos algunos de ellos eran: Alberto Peralta, Josefina y C.F. Wyman.

El siglo XX se convirtió en el siglo del boom de la perfumería, y de los grandes modistos en el mundo, que complementaron sus diseños con la creación de fragancias inolvidables como Miss Dior, y la mítica Channel 5; La cual fue creada en 1921 por encargo de Gabrielle Cocó Channel revolucionándose el mundo de la perfumería conocido hasta entonces, al igual que los diseños salidos de su osadía y atrevimiento. Usted podía ir tiendas como El Encanto, El Palacio de Hierro, Fin de siglo, y encontrar los más novedosos, encantadores, y seductores diseños y perfumes franceses al alcance de la mano. Junto a estos, estaban los productos cubanos y norteamericanos, que a pesar de ser más baratos no se vendían más.

En 1925 y gracias al impulso que se trató de dar a la industria nacional surge Gravi el último de los tres Grandes Consorcios Cubanos; la cual comenzó siendo una farmacia donde se producía una crema dental que tenía como emblema dibujado en el tubo una corona y se podía leer: La reina de las cremas dentales.

Esa era la crema dental cubana, la única que existía en el mercado.
Al principio no se vendía y no se vendió hasta mucho tiempo después por varias razones; una de ellas es que los empresarios cubanos habían engañado al pueblo durante mucho tiempo con productos de mala calidad así que todo lo que oliera a Cuba tenía el sello de que no servía.

En 1930 hay un cambio en la producción, distribución y venta de los productos de perfumería, cosmética y aseo; a consecuencia de la gran depresión de 1929 Crusellas y Sabatés se vieron obligadas a hacer alianzas comerciales con empresas norteamericanas para no arruinarse, así Sabatés se convirtió en propiedad de la Procter & Gamble, la compañía jabonera más grande del mundo y Crusellas hizo una alianza con la Colgate-Palmolive.

A partir de ese momento, se comenzó a producir en el país Shampoo Drell, Crema dental Colgate, jabón Palmolive, entre otros artículos, desplazándose por consiguiente el mercado de productos mayoritariamente franceses a norteamericanos, estos últimos pasaron a ser los productos más vendidos en la época (que se extendió hasta 1950), apesar de los primeros nunca dejaron de venderse, ni de anunciarse.

Durante la década del 50 y hasta 1959 el panorama se mantuvo casi invariable. En 1959 el triunfo de la Revolución cubana produjo un cambio radical a todos los niveles de la sociedad, que influyó también en el mercado de la cosmética y la perfumería. Con el proceso de las nacionalizaciones, las antiguas fábricas y talleres pasaron a propiedad del gobierno revolucionario, y los anteriores dueños, abandonaron el país ante la impronta del proceso nacionalizador.

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