Los “errores” de Fidel y de mi generación

Hace poco un joven me contó entusiasmado, como quien hace un gran descubrimiento, que un coetáneo le invitó a ver una película que “lo tiene todo” sobre los inicios de la Revolución.

Luego de nombrar, como prueba de lo abarcador del filme, la presencia en su argumento de personajes como Haydée Santamaría, el Che, Raúl, Vilma, y otros consagrados del proceso emancipador de finales de los ´50, resumió con una frase el contenido del largometraje: “muestra los errores de Fidel”. Y para avalar la calidad aseguró que la película fue realizada en el extranjero.

Estaba deslumbrado por encontrar un producto diferente de lo que cuenta la televisión, la radio o las publicaciones impresas y le confirió por eso -y por sus escasos conocimientos de historia y de la actualidad internacional- el beneficio de la credibilidad.

No es el filme lo que interesa, en el mundo de los medios de difusión internacionales, todos los caminos llevan a Cuba, el país que supuestamente se cae a pedazos en una crisis económica surgida de la incapacidad del estado socialista y de los dirigentes castristas para sostener una economía eficiente. El cine, la música, el teatro, el humor, todo sirve para que la gente de allá aprenda la realidad que construye el cuarto poder, y para que los de aquí -mientras menos informados mejor- alimenten su peligrosa ingenuidad.

Lo pero, lo relevante es que son muchos los jóvenes que viven en una especie de limbo tecnológico y reducen su actividad intelectual a consumir pasivamente telenovelas, películas, musicales, espectáculos, series y cuanto pueda verse en el DVD y en la computadora. Son los chicos que cada día ven menos televisión, que denuestan los periódicos aunque nunca hayan dedicado cinco minutos a leerlos, y pasan el día y la noche aprendiendo una cultura de la frivolidad que los ayuda a entender menos lo que ocurre a su alrededor.

Vivimos en un país que -a pesar de sus más de 50 años de socialismo- sigue aprendiendo a caminar en un sendero propio, y que ha aprendido lo que ya sabe a costa de tropezar muchas veces. Cuba es económicamente pobre, y esta condición es casi tan vieja como su historia; así la hicieron los más de 400 años de expoliación española y norteamericana. La Revolución transformó radicalmente el carácter de la economía nacional, pero no ha podido resolver los problemas, apenas los ha encauzado por el camino de la soberanía, donde no caben los pactos desiguales.

Pero es muy cierto que ha habido incapacidad y un bloqueo interno dado por el burocratismo, la excesiva centralización y el miedo a la pequeña propiedad privada. Reconocerlo no nos hace menos revolucionarios, ayuda a entender la necesidad de impulsar cambios para la actualización y demuestra que somos conscientes de la amenaza que constituyen los errores y deformaciones estructurales.

Sin embargo, el bloqueo externo, la hostilidad de Estados Unidos y de un grupo de naciones poderosas hacia el modelo cubano, no es un cuento, existe y dificulta más que cualquier otro factor, el desarrollo de este país. Pero los que trabajamos en los medios de aquí, aunque lo digamos bien y constantemente expongamos pruebas de lo nefasto que resulta el mal llamado embargo, caemos siempre en el discurso “cansón” y en la difusión de materiales televisivos, radiales y escritos aburridos, que no gustan a los adeptos de la onírica y reconfortante realidad de los productos hechos para no pensar.

Pongamos los pies en la tierra: muchos creen que es posible hacerse millonario de un día para otro y que todo el mundo vive bien en el capitalismo, tal como muestran las telenovelas. Hay quienes no saben que películas como la muestra “los errores de Fidel” solo persiguen destruir el sentimiento por los héroes propios, los que son capaces de inspirar y movilizar a las masas en la defensa de lo nacional.

Es así como funciona una compleja maquinaria que, desde la economía, la política y la comunicación masiva, intenta consolidar la imagen de una sociedad decadente, donde cada día hay más activistas sociales en contra de un gobierno dictatorial. La última vez que algo así les salió bien, Libia quedó destruida por una guerra que en año y medio dejó al menos 70 000 muertos, muchos sepultados bajo las 40 000 bombas lanzadas por la OTAN -que de paso, destruyó la infraestructura del país.

Algo hay debe hacerse porque ya no estamos para jugar a los indios que se ponen al lado de los cowboys, en el siglo XXI, cuando se trata de Cuba, pecar de ingenuos es un suicidio y no entenderlo podría ser uno de los grandes errores de mi generación.

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