Los cocineros que asaltaron el cuartel Moncada

Escrito por José Roberto Loo Vázquez

Años atrás hubo en Santiago de Cuba un amanecer de la Santa Ana diferente: en las calles se respiraba el ambiente del carnaval entremezclado con el olor a sangre, huella reciente de una acción militar que había estremecido a la ciudad.

Desde los primeros albores se esparcía el rumor que unos cocineros habían asaltado la fortaleza más importante de ciudad: el cuartel Moncada.

Pero esta historia comienza un año atrás, en 1952, cuando un grupo de jóvenes, 17 parejas en total, decidieron que al año siguiente se disfrazarían todos iguales para disfrutar de la mayor fiesta popular de la urbe.

Pero por esos azares que tiene la historia que entrecruza los destinos de las personas, este inocente suceso se vincularía con uno de los acontecimientos más importante ocurridos en la historia nacional.

El grupo de personas irrumpió alegremente en la calle Trocha, causando gran impresión debido a la uniformidad de sus carnavalescos atuendos: hombres vestidos con pantalones y camisas blancas, hechos de sacos de harina, semejante al de los cocineros, y mujeres disfrazadas de sirvientas, con vestidos negros, delantales blancos y cofias en las cabezas. Así vestían los protagonistas de esta historia.

Disfrutar de la fiesta popular, tomarse una cerveza fría, bailar al compás de un grupo musical y terminar la velada en el Cabaret San Pedro del Mar, era el plan para esa jornada.

Y así sucedió, todo comenzó y terminó según lo planeado. O al menos eso pensaban ellos.

Lo que ninguno pudo suponer era que los disfraces de cocineros estarían vinculados al asalto de la segunda fortaleza militar de importancia del país: el cuartel Moncada.

Hasta este momento, usted podría decir que esto es fruto de la casualidad, o quizás de esa capacidad que tenemos los cubanos de fabular los hechos. Pero el destino, el sabio destino y nadie tan antiguo como él, no lo quiso así.

Pepé Vázquez, uno de los cocineros y supuesto asaltante, era el dueño de Villa Blanca, conocida así por los antiguos dueños del sitio, y posteriormente bautizada por la historia como la Granjita Siboney.

Cuando conoció de los sucesos del Moncada, y que los jóvenes provenían de su casa de verano, provocó un gran susto en él y en su familia. Pero esto no termina aquí, cuando vinieron a buscarlo a su casa y lo arrestaron, fue muchísimo peor.

¿Y piensa que aquí termina la historia? Pues sepa que no, aún otras cosas debían sucederle a la familia Vázquez. Otras casualidades les tenía preparado el destino.

Horas después de la detención del cabeza de familia, el teléfono de su casa no descansaba, la lluvia de llamadas informaban lo mismo: en la calle las personas aseguraban que habían sido los más de treinta cocineros los que habían asaltado el cuartel Moncada.

Y ahora sí que no quedaba lugar a dudas, habían relacionado a Pepe Vázquez, dueño de la Granjita Siboney y uno de los cocineros de nuestra historia, con uno de los asaltantes.

Días después todo se aclaró, fue el propio Fidel Castro quién exoneró a Pepe Vázquez y su familia de toda relación con la acción militar.

Quizás en una historia diferente, en otro tiempo, en otro lugar, con otros protagonistas, esta anécdota no hubiese sido algo más que un cuento para nietos o una narración para reír. Pero en Cuba, antes de 1959, por casualidades más inocentes se llenaban listas de personas asesinadas y desaparecidas.

Entonces es válido imaginar el horror que vivieron unas personas que por las eventualidades que tiene la vida, se vieron vinculados a un hecho de nuestra historia.

Años después, cuando se acerca la fecha, con cierta risa de complicidad recuerdan el hecho que ocurrió aquella mañana diferente de la Santa Ana.

Así termina una historia de personas comunes, hombres y mujeres que por los azares del tiempo se relacionaron con el asalto al cuartel Moncada, un hecho importante de la historia de Cuba y que marcó el curso definitivo del triunfo del proceso revolucionario.

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