Archivo por días: 14 Agosto 2013

La cara oculta de Anyel Antonio

Carmelina Ruiz
Cada día que pasa la mal llamada disidencia en Cuba pierde credibilidad por sus acciones y mentiras, esos que dicen luchar por los derechos humanos en el país, son los encargados de intentar desestabilizarlo, tratando de dar una imagen al mundo poco creíble.La mayoría se pintan como presos políticos y de conciencia, benefactores de causas justas y víctimas de la “tiranía de los Castro”, sin embargo, son todo lo contrario.

He aquí el historial de uno de estos delincuentes a sueldo, se llama

Anyel Antonio Blanco Rodríguez. Él está hoy de visita en los Estados Unidos, blasfema de la tierra que lo vio nacer y de la represión “dictatorial” y pregunto ¿Por qué no se queda por esas tierras? Muy fácil, pierde las prebendas de sus padrinos del norte, y sabe que tiene que “pinchar” duro para poder vivir, cosa a lo que no está acostumbrado.

Tal vez él piensa que no se sabe que allá por el año 2005 cuando cumplía el servicio militar en una unidad militar de la FAR en La Habana, se robó un fusil AKM -con los que hacían guardia- y trató de secuestrar una embarcación para salir clandestinamente del país hacia los Estados Unidos, siendo acusado de piratería, cumpliendo sanción hasta 2011, año en que sale en libertad.

Estando en el centro penitenciario de Boniato, en Santiago de Cuba en 2009 conoce a Luis E. Ferrer, hermano de José Daniel, a Vinagera e igualmente se relaciona con Francisco Herodes Echemendía, todos vinculados con la contrarrevolución, -este último cumplió sanción por terrorismo-.

Cuando Anyel sale de la cárcel se une a la un tanto desprestigiada UNPACU, conviviendo en casa de José Daniel y hasta se rumoraba que parecía existir una relación muy estrecha.

Antonio Blanco en ese tiempo dio muestras de falta de humanidad y sensibilidad, al ser testigo de las agresiones de José Daniel Ferrer a su esposa y a otros condiscípulos, y nunca lo denunció.

Pero, hay más información, para los que quieran saber de las verdades de los miembros de la UNPACU y las Damas de Blanco, les dejo este trabajo donde los mismos opositores dan muestras de los problemas internos que tienen y el descrédito que los visita todos los días.

Mi viejo se llama Fidel

Olga García Palau

Cuando era pequeña, me imaginé más de una vez dándole un beso y un abrazo a mi viejo. Me ideaba con par de moños, ropita de niña y unos zapaticos blancos, conversándole y diciéndole cuántas veces había soñado con ese momento. A veces, cuando lo veía con otros niños, me ponía celosa y pensaba: ¿será que alguna vez voy a poder abrazarlo así? ¿Será que me verá entre tanta gente? Yo pensaba, yo siempre lo pensaba… Mi viejo ya tenía un espacio en mi corazón.

Entonces yo era muy pequeña y no entendía lo suficiente, que mi viejo era un viejo ocupado y que mucha gente lo quería y que quizás no tendría esa suerte de apretar fuerte sus manos y entrelazar mis dedos con los suyos largos.

Pero yo opté por seguir soñando con ese día, y aunque hoy ya me sorprendo consciente de que ese encuentro no ocurrirá, mi viejo sigue ocupando un lugar especial en mi corazón. Con el paso de los años me ha tocado seguirlo viendo de lejos, aunque últimamente se me pierde y lo extraño.

A pesar de no haberlo tenido cerca yo lo he visto envejecer, y aunque por mucho soy más joven que él, lo conozco desde que nació. Mi viejo es un hombre famoso. Nació con una luz que decidió compartir con todos, tuvo ideas que a nadie se le ocurrieron.

Mi viejo tiene un montón de años y se ha vuelto más sabio. Aunque muchos también han decidido no quererlo, han sido más los que lo han escuchado atentamente, los que han seguido sus consejos, los que a pesar de las distancias se han vuelto sus amigos y lo han reverenciado con gestos, que hoy, yo también agradezco.

Él hizo muchas cosas pensando en mí, me dio muchas cosas que yo necesitaba, me educó, me aconsejó, se volvió mi guía, mi ejemplo. Mi viejo no me conoce, nunca me soñó, no es mi sangre… Sin embargo, a él también le debo parte de lo que soy. Mi viejo, es el viejo de mucha gente. Mi viejo se llama Fidel.

El concierto de Pablo y yo

JOSE ANGEL ALVAREZ CRUZ

Yo creo que hoy voy a disfrutar de lo lindo. Casi 20 años después de su última aparición por estos lares vuelve Pablo Milanés a regalarnos esa música antológica que adoran los cubanos y que aún hace vibrar corazones al ritmo de “Yolanda”, “El breve espacio en que no estás” y “Para vivir”.

Voy a sentarme en la platea del Teatro Heredia, conseguí un asiento cercano al escenario para disfrutar del genial intérprete, y olvidarme por dos horas de esas declaraciones que hiciera en Miami, que molestaron a tantos.

Y no es que Pablo expresara una manera de pensar diferente fuera de los cánones ideológicos que tradicionalmente esbozan los que defienden el proceso cubano, es que por lo menos a mi me pareció oportunista y matizada por el lugar donde dijo justamente lo que allí querían escuchar.

Pero han pasado cuatro lustros desde que el canta autor no regalaba melodías a Santiago y esa es una gran motivación ahora, para quedarse en el Heredia a deleitarse, disfrutar de sus genialidades y vivir lo que de seguro será un momento excepcional.

Cuentan colegas que asistieron a su llegada al aeropuerto de esta provincia, que se mostró afable y conversador, explicó que cumple una deuda con el territorio al cual prometió un concierto hace dos años, pero que entonces se malogró por cuestiones de salud.

Aquella palabra empeñada hoy se hará realidad, habrá pechos apretados, amores de antaño recordando épocas memorables y nuevos admiradores, porque cuando se trata de música Pablo sabe que hacer para cautivar a todos.