Un año después de Sandy: una terrible historia de tres familias santiagueras

Texto y fotos: Angela Santiesteban Blanco
Casi hace un año que el huracán Sandy entro en Santiago de Cuba, con la furia devastadora de sus vientos que azotaron el territorio por espacio de unas cuatro horas y 45 minutos aproximadamente, dejando una estela de destrucción, desolación, y un gran desconcierto en los habitantes de leste terruño.
Fue una noche madrugada terrible que es mejor no recordarla, pero a su vez este fenómeno sirvió para que los santiagueros nos uniéramos y comenzáramos el propio día 25 de octubre a recuperar la provincia.
Nunca perdimos la esperanza de que la ayuda llegaría desde las provincias hermanas y desde el exterior, y aunque cada segundo, minuto, hora, día y mes van desapareciendo los vestigios del “leñador” como lo bautizo alguien que no perdió ni en los momentos más difíciles de esos días la ocurrencia de los cubanos.
“Sandy” nos cambió la vida, quedan en el corazón y recuerdo las horas de angustia de ese día, historias hay muchas, pero hubo una que me impactó fuertemente.
Un día de vista por las zonas afectadas llegamos a la playa Juraguá para ver las condiciones de vida de los afectados que fueron evacuados, allí conocí a tres familias que lo perdieron todo y aún estaban choqueados con la tragedia que les tocó vivir.
Por mi parte hasta ahora no me atreví a escribir una sola línea de lo que conocimos en el relato, todavía me parece estar viendo en el rostro de esas personas la carga de desconcierto y la consiguiente afectación psicológica por el mal rato que pasaron, y que hoy quiero compartir con los que lean mi blog.
Pido disculpas porque no recuerdo los nombres, pero si tengo en mi mente sus rostros y su historia.
Son tres hermanos que tenían sus viviendas en una zona cercana a la playa, y según manifestaron toda la vida habían residido en el lugar y nunca el mar llegó hasta allí.
Dice uno de ellos: “Mi casa fue la primera que se llevó, vino una primera ola y la tambaleo y en el segundo embate se la llevo, salí corriendo con mi familia para casa de mi hermano, ya no había luz y había una gran cantidad de árboles en el piso, sorteando esos obstáculos logramos llegar, y nos unimos metiéndonos en la parte más segura de la casa.
“Pero el mar siguió penetrando con más furia y la casa de mi hermano también se fue a bolina, nuevamente tuvimos que salir corriendo para el otro inmueble, ya el tránsito era casi imposible, pero asimismo seguimos adelante.
“Avanzamos unos diez pasos cuando escuchamos un grito pidiendo ayuda para salvar la vida, era mi pequeña hija de nueve años que el mar me la llevaba.
“El desespero fue terrible, no se veía nada, era noches cerrada y el viento y el mar descargaban toda su furia en el lugar, lo único que se me ocurrió fue tirar la mano a ciegas para ver si la alcanzaba, y quiso la surte y la gracias de dios que la cogiera por un pie y lograra halarla, mi hijita volvió a nacer.
“Pero eso no fue todo, cuando seguimos para guarecernos en casa de mi otro hermano, ya no tenía casa y lo único que pudimos hacer fue proteger a las mujeres y a la niña, amanecimos sujetos de un árbol.
“Lo perdimos todo, solo nos quedó la ropa que teníamos puesta, pero ya los compañeros de trabajo nos han traído algunas prendas de vestir, y los alimentos nos lo suministran de forma gratuita y elaborados”.
La verdad es que por aquellos días solo tenía reflejada en mi memoria el rostro de aquella pequeña que aún se veía asustada por lo sucedido y que voy a compartir su foto para que la conozcan, y vean en su carita el terror de esa fatídica noche.
Cuando estamos a solo días de que se cumpla un año de una de las mayores catástrofes que ha vivido el territorio, se continúa trabajando intensamente para borrar sus huellas.

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