Un Pedazo de Cuba en la distancia

Por Yamilé Matéo

Mis amigos se están yendo, y les robo este sintagma al dúo Buena Fe porque es también mi verdad. Encuentro a menudo con asombro, en las redes sociales, a vecinos o amigos con los que compartí alguna etapa estudiantil que residen en las más diversas latitudes.

Negar el proceso migratorio en una parte de la juventud cubana sería tapar el sol con un dedo.

Y es que emigrar a lugares con mejores condiciones de vida es algo intrínseco de la naturaleza humana. Ninguno de mis amigos se ha ido del país por problemas políticos a diferencia de los que quieren divulgar muchos medios extranjeros.

El desgarre económico de un bloqueo por más de 50 años a esta nación ha provocado que el viajar al extranjero con recursos propios sea privilegio de unos pocos, por eso se ha convertido en el anhelo, sobre todo de los más jóvenes.

No son pocos los que consideran la emigración una etapa de la vida y pretenden volver a Cuba algún día para reunirse con la familia.

Lejos de críticas, de miedos a nombrarlos como en tiempos pasados, en cada uno existen historias de valentía, de lucha constante en un país extraño por salir adelante.

No todos triunfan, como pretenden hacerles creer a “los que se quedaron”, necesidades, pobreza, humillaciones la padecen muchos cubanos que se convierten en extranjeros en tierras lejanas.

Sé de los que la nostalgia por su gente, por su barrio, su sol y sus olores se les agranda en el pecho hasta que duele.

Uno de mis amigos confiesa creer descubrir rostros conocidos en Barranquilla, al parecer la añoranza le juega trampas, otro pintó una bandera cubana en toda una pared de su cuarto y guarda receloso en una caja un puñado de tierra cubana y así se multiplican las historias de los que a pesar de la distancia siguen amando a su pueblo.
No son solo los cubanos que emigran, de todos los países subdesarrollados existen quienes salen buscando mejor fortuna.

Pero cargan en su mochila un poco de patria, y aunque pasen los años siguen arraigados a sus raíces. Existe una canción del grupo cubano Orishas que refleja lo se siente lejos de su tierra:(…)triste el hombre que ha dejado atrás/su sol, su gente, su camisa/sin pensar tan lejos cambia todo/ y la nostalgia te hace trizas (…)

A pesar de que admiro el ingenio y el empeño que muestran mis amigos mientras se forjan un camino, a los que se levantan tras todos los traspiés de economías capitalistas, yo me quedo con todas estas cosas.

Soy de las que prefieren ser parte de un país que trata, a pesar de los contratiempos, de salir adelante; que experimenta mientras camina, aunque no todo salga bien, pero siempre piensa en el bienestar de su gente; que aprende de sus errores, y aunque le cueste volver a levantarse no cesa en el empeño.

Yo me quedo con este sol aunque me arda la piel, con la gente que sin conocerte eres “mi amor”, “mi vida” y hasta te brindan tu casa para lo que necesites.

Quiero seguir siendo parte inseparable de Cuba, de los cubanos que no se quieren ir; de los que se censan y participan. Tengo fe en que un día mis amigos regresen para siempre, que las aspiraciones juveniles puedan respaldarse en la economía cubana, que los mares no necesiten separar a las familias y sobre todas las cosas que nadie más necesite guardar un pedazo de Cuba en la distancia.

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