Boticas o Farmacias Santiagueras

Angela Santiesteban Blanco
Fotos: Archivo

image_previewEl Dr. Carlos Rafael Fleitas Salazar, refleja en sus escritos que la primera botica que hubo en Santiago de Cuba, fue creada en el siglo XVIII por Don Juan Saco y Quiroga, quien hizo valer su título de boticario y trajo a la ciudad el arancel para el precio de las medicinas.
A principios del siglo XX, en la ciudad había una sola Botica registrada. Sin embargo, en 1927 ya existían alrededor de 10, las que como dice el viejo refrán: “vendían de todo como en Botica”..
En 1887, el Licenciado Luís Carlos Bottino y Duzán, abrió un establecimiento que se convirtió en una de las droguerías insignias de nuestra ciudad: la Farmacia Bottino, sita en San Basilio esquina a Santo Tomás, la que se caracterizó por ser un centro de novedades científicas y tecnológicas.
Esta farmacia vieron la luz innovaciones científicas y tecnológicas, aquí fue donde por primera vez se instaló una planta eléctrica particular, y se confeccionaron medicamentos con la utilización de un equipamiento novedoso para la época: destiladoras, alambiques, retortas, hornos, balanzas y moldes.
Desde esa época las boticas santiagueras hacían honor al refrán popular de que: …se vende o hay de todo como en Botica, por la variedad de productos se expendían, entre los que figuran: fajas para viajeros, tetos de varias clases, cojines de viento, aguas minerales españolas y de otras naciones, perfumes, etc.
Uno de los farmacéuticos de mayor realce por su legado a Santiago de Cuba, fue Luís Carlos Bottino y Duzán, quien se graduó de Licenciado en Farmacia el 22 de octubre de 1873 en la Universidad de La Habana y en el mes de junio de 1879, Bottino inauguró la “Farmacia San Carlos”, ubicada en la calle San Basilio alta, No. 2, la cual fue adquirida por la suma de 3 998.50 pesos, convirtiéndose en el establecimiento insignia del sistema farmacéutico santiaguero del siglo XIX.
La actividad comercial de medicamentos no fue la única emprendida por Bottino, pues para él fue de sumo interés también el desarrollo de su laboratorio. De diversos países europeos importó los mejores equipos para la elaboración de medicamentos: destiladoras, alambiques, retortas, hornos, balanzas, moldes y otros utensilios de insuperable calidad.
La pomería (botes y botellas de cristal y porcelana) utilizada para envasar las fórmulas de Bottino poseía un sello personal al fabricarse especialmente para el establecimiento, lo que marcaba la presencia de su rúbrica como elemento de diseño principal e identificativo de sus productos.
De atrayentes visuales interiores fueron los modernos estantes de madera, combinados con cristales y espejos cuya imagen singular hizo que la población la identificara como “la farmacia de los espejos”. En sus anaqueles se exhibía una hermosa colección de frascos de porcelana y cristal destinados a guardar productos para la venta.
En el aspecto científico se significa su aporte al desarrollo del sistema de técnicas curativas y la ampliación de los estudios homeopáticos en la ciudad. Los medicamentos homeopáticos eran de especial aceptación por la población rural y por la de escasos recursos económicos en la ciudad.
Se patentaron jarabes y productos farmacéuticos como los bromoformos para combatir la tosferina, enfermedad muy frecuente por aquellos años; el linimento Bottino, el cual mantuvo su nombre aun después de su muerte; el vino tónico Morales; el jarabe anticatarral 1092; el vino quinina Bottino; el romerillol Morales; la pomada especial Bottino; y el licor balsámico vegetal Bottino muy recomendado por los médicos santiagueros en casos de catarros nasales, bronquiales y pulmonares entre otros medicamentos que garantizaron el prestigio de esta institución y su permanencia en la memoria colectiva.
Desplegó también una denodada labor a favor de la instauración de un Colegio de Farmacéuticos en Santiago de Cuba, acontecimiento que se materializó después de su muerte. Se fundó el 24 de octubre de 1898, como institución encargada de agrupar a los profesionales de este ramo en el oriente cubano, y radicó en los altos de la farmacia de Bottino.
La actividad del farmacéutico Bottino, fue realmente filantrópica al suministrar medicinas gratis a los pobres y menesterosos. En su testamento dejó la suma de 10 000 pesos para ser repartida entre el Hospital Civil, la Casa de Beneficencia y los asilos de Los Desamparados y de San José. En este último Bottino impulsó la siembra y recolección de plantas medicinales para la preparación y comercialización de fitofármacos en su farmacia.
Heredó de su madre, doña Isabel Duzán, la farmacia homeopática “El Comercio”, situada en la calle baja de la Marina, -hoy Aguilera- No. 43, y a partir de este momento se convirtió en uno de los primeros en utilizar y defender este método curativo.
El mérito fundamental de Bottino fue el haber logrado que la actividad farmacéutica en la ciudad pasara a ser desempeñada por graduados en esta especialidad y no por médicos.
Luís Carlos nació en Santiago de Cuba en 1842 y murió en la propia ciudad el 5 de diciembre de 1894, a la edad de 52 años, víctima de una enfermedad valvular del corazón.
Después de su fallecimiento, la farmacia pasó a manos de Osvaldo Morales Fullera quien desde 1889 poseía un poder especial para efectuar los trámites de esta. A partir de entonces, como reconocimiento a su esmero y a petición del propio Luís Carlos Bottino, la farmacia San Carlos tomaría su nombre.
Este inmueble, que desde 1894, está enclavado en la esquina de San Basilio y Santo Tomás, en el anillo fundacional de la ciudad y está siendo rehabilitada con un proyecto de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) como inversionista, por un monto de más 410 623 pesos en moneda nacional y 271 876 euros. Su ejecución obra está a cargo de estudiantes de la Escuela de Taller Ugo Luisi.
Previo a estos trabajos, entre los años 2009 y 2010 el Departamento de Arqueología de la Oficina del Conservador de la Ciudad y jóvenes recién graduados en la especialidad, acometieron las investigaciones arqueológicas en el inmueble, y lograron interesantes resultados.

“Arrojaron evidencias de todo tipo, evidencias estructurales que confirman la utilización del edificio como farmacia en el siglo XIX hasta el siglo XX, y también evidencias materiales: todo tipo de botellería, no solamente de medicamentos (frascos con muestras), sino también de perfumería porque en ese entonces los perfumes se vendían muchas veces en las farmacias”, explicó la Doctora Yaumara López Segrera, Jefa del Departamento de Arqueología de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Y es que la farmacia Bottino no limitó su actividad. En sus laboratorios fueron elaborados remedios homeopáticos y alopáticos, se patentaron jarabes y productos farmacológicos para combatir la tosferina, entre otros medicamentos que garantizaron el prestigio de esta institución.
La intención es que siga funcionando como farmacia, y se rescata además la estructura del inmueble restituyendo los dañados. Se recuperará el patio interior que en estos momentos se encuentra techado para garantizar la iluminación y ventilación natural, mientras que en las galerías del segundo nivel se propone reproducir los elementos de protección solar existentes.
En el primer cuerpo del primer nivel se diseñará el mobiliario que recree algunas farmacias desarrolladas en la ciudad a principios del siglo XX.
Renacerá nuevamente la Farmacia Bottino y la obra del ilustre boticario seguirá viva, gracias al trabajo de jóvenes restauradores que defienden y aman la cultura histórica y patrimonial

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