Los agradecidos te seguimos acompañando

Angela Santiesteban Blanco
Fotos: Internet

La mayoría de los cubanos siempre lo creímos inmortal, siempre ahí guiándonos y conduciéndonos por el camino correcto, sin embargo en la madrugada del 25 de noviembre de 2016, se comenzó a difundir la noticia de su fallecimiento.

En lo que respecta a mí, leí algunos post en Facebook que daban la nefasta información, al principio dude, ya que en otras ocasiones se había corrido tal mentira.

Al ver que se estaba convirtiendo en viral comencé a buscar a alguien conocido y que realmente tuviera certeza de lo que se rumoraba y sí Ismael Francisco, colega nuestro estaba conectado y al preguntarle, me confirmó que era real.

No podía codificar que realmente el Líder de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, había muerto, fueron horas y días de dolor e incertidumbre, aún tenía la esperanza de que dijeran que había sido una falsa alarma, pero ésta vez sí era la cruda verdad.

Vino a mi mente la que fue casi su despedida del mundo terrenal, el 19 de abril del 2016, en la clausura del VII Congreso del Partido, donde expresó: “Pronto deberé cumplir 90 años (…). Pronto seré ya como todos los demás, a todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas (…) si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan (…) Y debemos luchar sin tregua para obtenerlos”, pensamiento que hoy adquiere una vigencia extrema.

Como gran pensador, sabía siempre por donde iba y que quería, y supo siempre que la parca lo buscó incesantemente, en el llano y la Sierra, pero no lo encontró nunca; él le ordenó que viniera el 25 de noviembre de 2016, justamente a los 60 años de que zarpara de Tuxpan hacia la Revolución el yate Granma, el 25 de noviembre de 1956.

Fidel, fiel a su ética martiana, deseó reducirse a cenizas, porque sabía que “toda la gloria del mundo cabía en un grano de maíz”, rechazó cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de su vida; insistió que, una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de recordación.

Desde la fatídica fecha el pueblo sin convocatoria alguna se lanzó a las calles a despedir a su Líder llenos de mucho dolor y lágrimas en los ojos, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio la tristeza nos embargó a todos, dolor que se multiplicó en todo el mundo, y llegaron a compartir nuestro sufrimiento mandatarios y personalidades de más de 60 países, y junto al pueblo cubano despedir al mejor discípulo de José Martí.

Fidel recorrió el país de una punta a la otra, pero esta vez en sentido contrario hasta llegar definitivamente al Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia e iniciar, sin saberlo, otra historia.

A cuatro años de su partida a la eternidad estamos convencidos de que Fidel no ha muerto como pretendían sus enemigos, sino que sigue vivo al lado de los cubanos agradecidos que no dejaremos que sus ideas mueran.

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