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Hoy se cumplen 180 años del natalicio de Máximo Gómez

Angela Santiesteban Blanco
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Máximo Gómez, nació en Bari, un pequeño pueblo de Santo Domingo, en la república Dominicana, descendiente de una familia humilde.

En 1855, cuando aún era casi un adolescente, respondió al llamado de su patria, que era invadida por los ejércitos haitianos, participando en los combates hasta lograr la victoria.

En junio de 1865 se trasladó a Cuba con su familia, donde se estableció y el 16 de octubre de 1868 se incorporó a las huestes mambisas, llegando a dirigir la acción liberadora, dando a los cubanos la primera lección práctica del uso del machete como arma de combate.
Desde su llegada a Santiago de Cuba, hasta su incorporación a la guerra de independencia de Cuba, en octubre de 1868, se convirtió en una etapa decisiva en la formación de su personalidad y destino político.
Ascendido a Mayor General por nombramiento de Carlos Manuel de Céspedes, ocupó desde bien temprano cargos importantes en las filas del Ejército Libertador durante la Guerra de los Diez Años.

A la histórica carga al machete protagonizada en Tienda del Pino, en noviembre de 1868, le siguieron campañas impresionantes y decisivas en el destino de la revolución, como la de Guan¬tánamo (1871-1872) y Camagüey (1873-1875), esta última, previa invasión a Las Villas.

En cada operación militar brilló el estadista, el hombre de pensamiento que legó a sus contemporáneos y a las generaciones venideras páginas de indudable valor acerca del arte militar, y en particular en materia de guerra irregular.
El 17 de junio de 1905, murió en La Habana el Generalísimo Máximo Gómez y Báez, al que la Historia ha consagrado como genio organizador y estratega militar. El nombre de este cubano por adopción se asocia a las luchas del pueblo cubano por su independencia en la segunda mitad del siglo XIX.

Así es Santiago de Cuba

Por Marcos Alfonso/ Servicio Especial de la AIN

¡No os asombréis, es Santiago de Cuba! No erró el poeta: esta porción de tierra de la Isla rebasa con creces la imaginación, tanto, que las ideas de quienes escriben se vuelven minúscula palabrería ante las realidades, las cuales superan con creces la ficción a partir de vivientes existencias.

En su Son de negros en Cuba, el poeta Federico García Lorca lo inmortaliza: “(…) Cuando llegue la luna/ iré a Santiago de Cuba/ iré a Santiago/ en un coche de agua negra/ Iré a Santiago/ Cantarán los techos de palmera/ Iré a Santiago (…)”.

Por estos días de celebraciones festivas y patrióticas, los santiagueros andan de plácemes aunque repletos de trabajo. Son así, siempre hay espacio para la caldosa y el ron: joviales, compartidores, solidarios, responsables… hombres y mujeres por cuyas venas corre este Caribe que baña sus costas, los convierte en legendarios, dueños de un sentido de la libertad sin términos.

Las tres guerras independentistas iniciadas el siglo pasado tuvieron como escenarios el Oriente de Cuba; allí se produjeron insurrecciones populares en varios momentos del periodo republicano; sus montañas eran conocidas por la resistencia armada de los campesinos frente a los latifundistas, y su pueblo se caracterizó siempre por el espíritu de rebeldía.

El asalto al cuartel Moncada fundaba, en esa esencia histórica, parte de sus proyecciones para la audaz acción. Se sumaban, además, que era la segunda fortaleza militar del país ocupada por alrededor de mil hombres; su distancia de La Habana limitaba el posible envío de refuerzos; la ciudad se halla en la costa sur, rodeada de montañas.

Y otra razón esencial: el pueblo estaba de carnavales a los cuales acudían personas de otros territorios de la Isla, por lo tanto, la presencia de jóvenes en los festejos no llamaría la atención; además del factor sorpresa, que podría resultar decisivo.

En el plano ideológico, se reivindicaba al Apóstol José Martí en el año de su centenario. Bien lo sabía Fidel, lector voraz de su obra y de incorporarla al ideario revolucionario de los tiempos que corrían.

Los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, culminaron en derrota militar; pero tuvieron una trascendencia extraordinaria para los cubanos y el movimiento de liberación nacional que se iniciaba, cuyo colofón fue la victoria de la Revolución el primero de enero de 1959.

A poco menos de siete años de iniciada la última de las batallas por la reivindicación definitiva de Cuba; en el sitio donde habían sido asesinados numerosos revolucionarios desde que se colocara en 1859 la primera piedra de la que fuera prisión y fortaleza militar, tenía lugar algo inédito: el otrora bastión militar era convertido en escuela.

Nacía la Ciudad Escolar 26 de Julio: hecho sin precedentes en América Latina. Aquel 28 de enero de 1960, se reivindicaban los sueños de los santiagueros quienes verían nacer aulas para sus hijos de las entrañas de aquel bastión militar, centro de tortura y asesinato durante casi un siglo.

Varias escuelas para las enseñanzas primaria y secundaria en cuyas aulas han cursado estudios miles de niños de la Ciudad Héroe. El museo, que sintetiza las historias de luchas de los santiagueros y cubanos… son vivos reflejos de la obra revolucionaria desde que Fidel lanzara la brillante idea de “convertir los cuarteles en escuelas”.

¡No os asombréis, es Santiago de Cuba! Tierra de valientes y soneros; plaza de poetas y edificadores del mañana. Cuna de patriotas y, al decir de Gabriel García Márquez, “de la nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad (…)”.

Es Santiago: la rebelde siempre, la hospitalaria hoy, la heroica siempre.