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El Alcalde benefactor de Santiago de Cuba

Angela Santiesteban Blanco

Emilio Bacardí: un diamante demúltiples facetas” Federico Henríquez y Carvajal

El 5 de junio de 1844, nace el santiaguero Emilio Bacardí Moreau, patriota, historiador, poeta, dramaturgo y novelista, quien a temprana edad los padres lo enviaron a España.
Bacardí fue un cubano de espíritu revolucionario, al punto de que en diciembre de 1868, en los albores de la Guerra de los Diez Años, estuvo involucrado en un fracasado intento de deponer al gobernador del departamento oriental para instaurar en su lugar una junta democrática de gobierno.
De ahí que al cese de la dominación española fuera nombrado alcalde de Santiago de Cuba. En el desempeño de tales funciones creó e inauguró, el 12 de febrero de 1899, el museo que hoy lleva su nombre y que tuvo por sede inicial los números 25 y 27 de la calle Santo Tomás, hoy Félix Pena, así daba un paso importante en la preservación del legado histórico de los luchadores por Cuba libre.
En 1902, ocupó nuevamente la alcaldía por votación popular, prosiguiendo su obra. De espíritu liberal y progresista, también se manifestó en la concesión de empleos en el ayuntamiento a las mujeres, sobre todo a aquellas cuyos familiares murieron en la contienda por la independencia.
Siendo alcalde instituyó, por iniciativa del santiaguero Angel Moya y Portuondo “Chichí”, la tradicional Fiesta de la bandera.
Fue teatrista, dramaturgo, novelista, adentrándose en el campo de la novela histórica con “Doña Guiomar”. Sin embargo, como historiador alcanza trascendencia por sus diez tomos de crónicas de Santiago de Cuba, una recopilación insustituible de documentos e informaciones, desde la fundación de la villa por Diego Velázquez en 1515, y que se encuentran en el Archivo Histórico de la ciudad.
Al morir el 28 de agosto de 1922, en esta ciudad era miembro de la Academia de la Historia y de la Academia de Artes y Letras.

De Fabio a Bruzón: “Te voy a ganar”

Karlienys Calzadilla

????????????????????????Al pequeño Fabio le fascina el ajedrez, por eso cuando pierde se encabrona y no quiere que nadie le hable. Y es que el niño es un talento, porque con solo tres años mueve y protege las piezas, se enroca, evade el jaque mate pastor, identifica sus movidas y sabe que el tablero tiene 64 casillas porque está compuesto por ocho filas y ocho columnas.

Y sin dar mucha importancia a la norma de Gran Maestro, tirado en el piso del lobby del hotel Habana—Riviera desafió a uno de los grandes: al cubano Lázaro Bruzón. Fabio escogió los trebejos blancos y ordenó su tablero como un jugador común. Cada partida de ajedrez no consiste en ganar un solo juego, sino dos: una primera victoria la obtiene quien organice más rápido las piezas, y algo muy distinto es propinar un jaque mate, única opción para el infante que no acepta tablas, porque sabe que con ese resultado él no gana.

Y es que Fabio se cree que es el mejor, porque no aceptó el empate que le propuso Bruzón en el Capablanca de ajedrez. “Te voy a ganar”, repetía constantemente, y se sintió apenado cuando el segundo mejor hombre de Cuba en el juego ciencia le neutralizó su rey. Le extendió la mano como se suele hacer al finalizar cada cara a cara y pidió a su papá que se lo llevara de aquel sitio. Ahora dice que quiere regresar, para “retar” nuevamente a Bruzón y ganarle.thumbnail-957f70a5e3c8014c1bba8f6c2312884d887303fd

Desde que tenía poco más de un año, el niño se interesaba por los rompecabezas, y los armaba con mucha facilidad, identificaba la melodía de varios instrumentos musicales, sabía los colores, algunos números y hacía razonamientos que, si no lo hubiera visto, no creería en las historias que me contaban sus padres.

Fabio no solo se interesa por carritos ni por pistolas de juguete, sino también por el dominó, el parchís y los rompecabezas, además de los seis juegos de ajedrez que en apenas dos años ha logrado tener. La primera vez que vio las 32 piezas sobre el tablero fue en agosto de 2012, en la biblioteca Villena, y como le fascinaban los rompecabezas, encontró en el ajedrez uno más. Sus padres notaron la rapidez con que aprendió a colocar cada pieza en su cuadrícula, y el ingenio con que memorizaba los movimientos, y comenzaron a enseñarle algunos elementos básicos.

Desde hace varios meses el niño ha encontrado en el juego ciencia su principal impulso, porque Fabio es una de las víctimas del Perthes, una enfermedad que le desgasta la cabeza del fémur y le imposibilita el caminar. Y aunque los especialistas aseguran que en aproximadamente dos años podrá retomar su vida normal, mientras Fabio se mueve con destreza en su pequeña silla de ruedas, en la misma que asiste a las sesiones de cámara hiperbárica y a cada sitio al que Sandra y Pavel, los padres, junto a su pequeña hermana Sofía, le acompañan.

Llegar al “Capablanca in Memoriam” fue una experiencia novedosa, los más de 50 tableros que vio en el hotel Riviera lo cautivaron y ahora, con más motivación, realiza sus partidas, porque sabe que el ajedrez es un juego importante, y que lo practican muchas personas, igual que el fútbol y la pelota. Y quiere aprender mucho para ganarle a los mejores. Seguro lo veremos nuevamente en el Capablanca, queriendo retar a cuanta persona encuentre cerca y advirtiendo a todos, con el dedo índice apuntando al contrario, “te voy a ganar”.

Algunas reflexiones sobre la amistad

Teresita de Jesús Madlum Payás

…Quiero plasmar aquí sus palabras acerca de la amistad: “si me preguntan cuál es la palabra más bellas diré patria, y si me preguntan por otra casi tla amistad duplica las alegrías tanto como divide las angustias, los dolores y las penas al tener con quien compartirlas.

Son muchas las personalidades que en el mundo han conceptualizado la amistad. George Washigton, por ejemplo, expresó: “La amistad es una planta de lento desarrollo que debe enfrentar y resistir los embates de la adversidad para merecer esa denominación”.

De los diferentes conceptos, que acerca de la amistad conozco, es este el que considero más completo en sí mismo, y desde que lo leí ―hace ya muchos años—, lo grabé en mi memoria.

Cierto es, que hay personas que durante años Ud. ha considerado como amigo, ha sido frecuente visita de su casa y de pronto no se les ha visto más, no se les ha oído, y surgen entonces aquellas interrogantes: ¿Dónde están? ¿Qué pasó? Si éramos como familia, sí éramos como hermanos…

Pero luego, al pasar el tiempo, Ud. comprende cuál es la razón y vuelve los ojos a ese sobresaliente hombre, a Rabindranath Tagore: “la verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”…

Juan Formell, gracias por la cubanísima música

Se graduó como profesor de inglés, y hasta hizo traducciones, pero lo cierto es que el gran Juan Formell, nacido en la barriada habanera de Cayo Hueso, vino a este mundo, sobre todo, para renovar la música popular cubana y fundar, en diciembre de 1969, los Van Van, sin dudas la mejor agrupación de su tipo en la historia de esta Isla, que es pura melodía.

Por eso duele tanto la repentina muerte de quien tuviera el mérito de haber sido considerado por las nuevas generaciones como Maestro de Juventudes, máxima distinción que otorga la Asociación Hermanos Saíz, es decir, la vanguardia de los escritores y artistas noveles del país.

Adorado por los bailadores y respetado por conocedores y especialistas, se convirtió en admirado instrumentista, compositor y arreglista, gracias a la influencia de su padre, músico de oficio, amigo de ilustres como Ernesto Lecuona y Bebo Valdés.

«Me fascinaba ver a mi papá sentado en el piano escribiendo música. Era un copista excelente: copiaba la música de modo que parecía letra de imprenta… Es decir, que la música me viene por dentro, por herencia, aunque a lo que yo aspiraba era a tocar el bajo, instrumento que es como la columna vertebral de una orquesta», le gustaba contar al autor de temas que de tanto escucharse se han convertido en himnos para la gente de esta tierra.

El ambiente musical que lo rodeaba en el afamado Callejón de Hamel, donde dio sus primeros pasos, también resultó esencial para quien el pasado año recibiera dos significativos premios que avalaban su notable carrera artística: el Grammy a la Excelencia Musical (otorgado por votación del Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación a artistas que han realizado «contribuciones creativas de excepcional importancia artística en el campo de la grabación durante sus carreras»); y el Womex al Artista 2013, que se confiere desde 1999 a figuras relevantes de la música internacional, «como reconocimiento a la excelencia musical, la importancia social, el éxito comercial, el impacto político y la trayectoria».

«Siempre lo digo: fue una dicha desandar esas calles alrededor del callejón de Hamel y del callejón de Espada. Ahí se reunían Ángel Díaz, César Portillo… Verdad que en ese entonces era muy niño —tendría unos diez años—, y todavía no participaba, pero no permanecía indiferente», recordaba con frecuencia.

Eran, asimismo, los tiempos de la Aragón, de Arsenio Rodríguez, pero, además, de Elvis Presley, los Beatles… Y Formell lo absorbió todo como desesperada esponja, como mismo fue descubriendo el jazz, la música brasilera, y se dedicó a estudiar los ritmos del Caribe: el reggae, el merengue… Tomando de unos y de otros, ideó el songo, «una nueva música bailable cubana, con el son como base, pero que en sí no es lo mismo».

No había dudas: como en su momento también lo lograron Chucho Valdés con Irakere, o El Tosco (Jorge Luis Cortés), por solo mencionar dos casos, este creador reconocido en 2008 con uno de los tres Premios Mundiales Especiales que entregó el jurado de la World Entertaiment Organization (WEO), rompió con los esquemas de la música que dominaba hasta el momento.

Mas eso cristalizó después, cuando Van Van se convirtió en indiscutible realidad. Antes fue necesario para Formell aprender, por ejemplo, de Juanito Márquez, responsable de los arreglos a instituciones como las orquestas Riverside y Hermanos Avilés; y formar parte de la tropa que comandaba Elio Revé. Sin embargo, confesó, «en lugar de adaptarme a aquel formato (la charanga), comencé a hacer los arreglos, a componer, ¡y levantó la orquesta! Entonces me dije: ¡espérate, yo tengo la “bola” para esto!».

Luego de esa experiencia, tremendamente enriquecedora, llegaron los Van Van, cuando Cuba soñaba alcanzar una zafra de diez millones de toneladas de azúcar. «En realidad, enfatizaba Formell, el nombre no surgió en favor de la zafra, que se hallaba en su pleno apogeo. Pero había una cantidad increíble de slogan en la televisión, la radio… “¡De que van, van!”. “¡Oye, eso va y de que va, van van!”»…

«Ocurrió que a la hora de buscar cómo llamarle, los nombres que proponían los músicos eran muy largos, y yo: “Caballeros, debe ser un nombre más efectivo, que sea pam, pam, una cosa así…”. Y, entonces, “bueno, ¿por qué no Van Van?».

De ese modo inició su camino exitoso una agrupación que también ha sido escuela, y que tiene a su haber cinco discos de Platino (dos por el álbum Ay, Dios, ampárame, y tres por Lo último en vivo), y uno de Oro por la contundencia de 25 años de Juan Formell y los Van Van.

Como un cronista social ha sido calificado asimismo Juan Formell, autor de hits que aún motivan a los más exigentes bailadores del planeta, al estilo de El buey cansao, Anda, ven y muévete (versionado por Rubén Blades), La foto en la prensa, La titimanía, El negro está cocinando, La Habana no aguanta más… Pero a este hombre le interesaba igualmente deslizar la crítica social, sin abandonar el fino humor criollo, el doble sentido que le dejaron como legado maestros como Matamoros, Piñeiro, Ñico Saquito y El Guayabero.

«A veces escribo textos que son críticos; otras, crónicas, pero tienen un por qué. Eso sí, uso un lenguaje sencillo para que el bailador pueda disfrutarlo. Me gusta estar en la calle, porque allí aparecen las frases más ingeniosas. Y de una frase hago la historia y el montuno, fundamental, pues es lo que repite la gente y provoca al bailador. Esa es nuestra diferencia con la salsa de Nueva York o de Puerto Rico».
José Luis Estrada Betancourt

images222222222222Fue ese inconfundible montuno del que hablaba el Premio Nacional de la Música 2003, lo que movió a los miles de personas que se reunieron en la Plaza de la Revolución para ser testigos del aún recordado evento Paz sin Fronteras, que convocó a varias estrellas internacionales.

«Enseguida entendí que el papel de Van Van en ese momento era trascendental. Sabía que debía atrapar de una forma o de otra a ese millón de personas reunido en la Plaza. Y la mejor manera era poniéndole “bomba”, que es lo que te sale de bien adentro. Y vi a Olga Tañón y a Miguel Bosé llorando. De repente, en los Van Van estaba toda Cuba».

Así el venerado Juan Formell nos atrapó a todos para siempre. Nuestra es desde hace tiempo su cubanísima música, que «se le fue de las manos» para ser del pueblo, como ocurre con todo lo eterno.

Amoo Hadj: 60 años sin bañarse

A los 20 años, Amoo Hadj decidió que el agua y el jabón no eran para él. Ahora, a sus 80, vive solo, en una pequeña casa improvisada de ladrillos a las afueras del pueblo de Dezhgah, en la provincia de Fars Dehram, en Irán. Nadie en el pueblo sabe por qué Hadj decidió declarar una guerra sin cuartel al agua.

La agencia de noticias iraní (IRNA) cuenta que Amoo vive de comer animales muertos y ocupa su tiempo fumando estiércol en una enorme pipa construida con restos de una cañería. Si consigue cigarrillos, los fuma de cuatro en cuatro. Las horas del día las pasa tumbado en un hoyo en la tierra.

La piel de Hadj se ha llenado de escamas, producto de la suciedad acumulada. Lo más curioso es que a pesar de su aspecto y sus hábitos de vida ha llegado a la vejez sin padecer enfermedades graves.

Tomado de Cubadebate