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Colocan busto de Hugo Chávez en cumbre montañosa de Cuba

Un busto del fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez fue colocado en el Pico Caracas, una de las elevaciones de más altura de Cuba, por un colectivo de montañistas.

Un busto del fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez fue colocado en el Pico Caracas, una de las elevaciones de más altura de Cuba, por un colectivo de montañistas.

Entre ellos estuvo René González, antiterrrorista cubano que cumplió prisión en cárceles estadounidenses, quien rindió homenaje a Chávez en esa cumbre de la Sierra Maestra, en el oriente del país.

González integra junto a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernándo González el grupo de Los Cinco, como se conoce a quienes fueron condenados en Estados Unidos por vigilar las actividades de grupos violentos anticubanos radicados en Miami.

Campesinos de la zona recorrieron largas distancias para saludar a los montañistas, en particular a René, cuya excarcelación y la de sus compañeros, aún presos en Estados Unidos, ha sido un reclamo en Cuba y muchas partes del mundo.

“Los que quieran patria vengan conmigo”, reza la tarja frente al pedestal de dos metros de alto con el busto de Chávez, informaron medios locales.

Modelada con resina y fibra de vidrio, la escultura es obra del artista Andrés González. La figura del fallecido jefe de Estado venezolano fue colocada junto a un busto de Simón Bolívar, del mismo escultor, a mil 234 metros sobre el nivel del mar.

Edgardo Ramírez, embajador de Venezuela en Cuba, participó en la expedición al macizo montañoso donde en diciembre de 1956 Fidel Castro inició la lucha armada contra la dictadra de Fulgencio Batista.
Portal Cuba SÍ

El movimiento ecológico Mal Nombre (así llaman a una zona muy intrincada de la cuenca del río Toa, en el sureste de la isla) tomó la iniciativa de homenajear de esta manera al líder venezolano, fallecido el 5 de marzo pasado.

Además de los bustos del Libertador y de Chávez, en la Sierra Maestra se levantan otros del Héroe Nacional, José Martí, del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara y de Carlos Manuel de Céspedes, considerado el padre de la patria cubana.

Se forma la tormenta tropical Andrea

Orfilio Peláez

El área de bajas presiones localizada desde hace varios días en el Golfo de México ganó ayer en organización y se convirtió en la tormenta tropical Andrea, la primera de la actual temporada ciclónica en la cuenca del Atlántico.

Según la información ofrecida por el Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, a las seis de la tarde de este miércoles el sistema estaba ubicado en los 25,3 grados de latitud norte y 86,5 grados de longitud oeste, a unos 500 kilómetros al suroeste de Tampa, en la península de la Florida, con vientos máximos sostenidos de 65 kilómetros por hora, y una presión mínima central de 1002 hectopascal.

Como sugieren los modelos, durante las próximas 24 a 48 horas debe moverse en un rumbo próximo al nordeste y tiene posibilidades de tocar tierra por la porción centro norte de esa parte de la geografía norteamericana.

La influencia de sus nublados mantendrá hoy alta la probabilidad de lluvias en la región occidental de Cuba.

El subcontrato de Alan Gross

Enrique Ubieta Gómez
Recuerdo vívidamente el juicio de Alan Gross. Fui uno de los periodistas invitados. Entró con desenfado, dispuesto a ofrecer el mejor de los espectáculos, en una porfía legal que pretendía ganar con la sonrisa tímida del hombre ingenuo y sorprendido que no era, y la prepotencia en la mirada. Negocios son negocios, nada personal, más aún si son los negocios del imperio. Había rehusado comer en exceso en los últimos meses, y se veía más delgado, mucho más enfundado en una guayabera que medía dos tallas más que la suya. Gross no es un hombre joven. No es un inexperto. Apostaba a la imagen, a los estereotipos, a su ciudadanía. Los médicos sin embargo aseguraron que el peso perdido contribuiría favorablemente a su salud. Prueba tras prueba, la imagen ensayada se vació. Ese día conocí al escritor cubano Raúl Antonio Capote, hasta entonces considerado “disidente”, es decir, contrarrevolucionario. Era más que eso; desde el año 2005 trabajaba para la CIA, aunque en realidad era un agente de la Contrainteligencia cubana. Cuando llegó, una sombra agorera pasó por los ojos del subcontratista. Los supuestos afanes solidarios de Gross a favor de los judíos en Cuba se desinflaron en las declaraciones de los propios directivos de esa comunidad.
Condenado, ¡qué osadía!, pensó. No porque no supiese que su misión era ilegal, sino porque se imaginaba impune. Creo que hasta esperó con cierta impaciencia el rescate de marines aerotransportados, o quizás, la salvadora aparición de Spiderman, de Mr. Increíble, de Superman. Pero nadie llegó a por él. Dijo después que no había sido advertido, y alguna razón tenía: no le dijeron que Cuba es un país distinto, que no teme. Y cuando comprendió que los políticos se desentendían, exclamó que había sido traicionado. La esposa llevó su ira a los tribunales estadounidenses, y reclamó una indemnización de 60 millones de dólares a los contratadores, pero estos actuaron con la misma prepotencia inicial de Gross. Nada podía reclamarle a la CIA, al Gobierno de su país, pues él sabía que realizaba una acción encubierta de inteligencia, para instaurar –usemos sus propios términos, qué más da–, la “democracia”. La empresa Development Alternatives Inc. (DAI) que lo subcontrató, a su vez contratada por la USAID, se defendió como pudo: revelando las notas de sus conversaciones con esta última. La misión era una encomienda de Washington y la USAID se comprometía a proteger la identidad de los contratistas y de sus asociados, dado el riesgo que corrían. Gross no era ajeno a ello. Fue seleccionado porque tenía experiencia en el cumplimiento de misiones similares en otros países. Incluso en Cuba. En el 2004 había llegado al país para cumplir un encargo de Marc Wachtenheim, entonces director y fundador de la Iniciativa para el Desarrollo de Cuba en la Fundación Panamericana para el Desarrollo, o FUPAD. Su contacto en La Habana era José Manuel Collera, líder de una asociación fraternal, y en el juicio del 2011 se revelaría que, al igual que Capote, también era agente de la Contrainteligencia cubana.
Hay ladrones de pistola en mano, y ladrones de cuello blanco; hay mercenarios (contratistas) para la guerra, que matan por dinero, y mercenarios (contratistas) para misiones sofisticadas. Eso era Alan Gross. El apelativo de contratista es el eufemismo empleado en una sociedad donde todo se compra y se vende. Su tarea era suministrar a sus contactos cubanos (no precisamente de la Comunidad Hebrea) los Broadband Global Area Network, BGAN, equipos de comunicación satelital de última generación, que posibilitarían la conexión en Cuba de banda ancha a Internet, las llamadas telefónicas internacionales y la configuración de redes Wi-Fi, para la generación o recepción de contenidos de inteligencia y/o que promuevan la subversión. A pesar de que esos equipos no son fácilmente rastreables, Gross plasmaría por escrito su preocupación de que en el interior del país la Seguridad cubana podría detectar las trasmisiones. “El descubrimiento del uso de BGAN sería catastrófico”, escribió Gross, una afirmación que revela su conocimiento de riesgos. Pero la presencia de Capote en el juicio lo inquietó. Aquel había recibido en el 2007 el primer BGAN entregado en Cuba. Como “agente CIA” el equipo serviría a Capote para el envío a Langley de informaciones de inteligencia. Sin embargo, en las semanas previas presentó problemas técnicos, y su oficial CIA, René Greenwald, anunció la llegada a La Habana de un emisario que cambiaría la vieja tarjeta por una nueva. Hubo un instante en que coincidieron en Cuba Greenwald, Wachtenheim y Gross. El primero suspendería repentinamente sus actividades –entre ellas, un encuentro con Capote–, y regresaría a los Estados Unidos. El segundo lo imitaría apresurado. Capote los contacta y estos le dicen por las claras que debe esconder o destruir el BGAN. “Es muy peligroso para ti, para mí y para alguien que cayó preso”, escribe Greenwald. En otros mensajes aluden a esa persona detenida, incluso por su nombre, como el emisario que traía la nueva tarjeta.
La Supernación es cínica. Su concepto de justicia se adapta a la percepción del más fuerte. El websitio Contransurgentes acaba de publicar el listado de los agentes CIA en el mundo, país por país. Son los visibles, en la lista no están los “tipo 002”, ni se enumeran los llamados contratistas, como Gross, los que actúan en los entramados oficiosos de la USAID o la NED. Aquí es donde el individuo desaparece, muy a su pesar. La discusión no es en torno a una persona. Sus cálculos de hombre de negocios naufragan. Su contrato en La Habana llegó a estipular el cobro final de 332 334 dólares, de los que solo alcanzó a recibir 65 132. En días pasados, perdió definitivamente la reclamación monetaria de compensación contra la DIA, recurso que intentaba convertir su encierro en otro negocio rentable. La discusión es en torno al derecho de intervención que se arroga el Gobierno estadounidense, en los asuntos internos de todos los países y especialmente de Cuba; de organizar y de financiar la subversión interna en aquellas naciones donde los gobiernos no se pliegan a sus intereses. El “suave” Obama, en su primer mandato, aprobó más de 120 millones de dólares para el cambio de sistema en Cuba, más dinero del que Reagan o Bush hijo concedieran para iguales propósitos. Una cifra que no incluye el destinado por las agencias de inteligencia.
Los voceros del Departamento de Estado insisten en que su caso no se parece al de los Cinco héroes cubanos. Coincido plenamente. Son muchas las razones, pero enumero tres:
– Los cubanos no permanecían en territorio estadounidense con el propósito de subvertir el sistema de ese país, ni imponer allí un Gobierno afín a los intereses cubanos. El propósito de estos era por el contrario impedir acciones terroristas y subversivas en territorio cubano o norteamericano;
– Los cubanos no trabajaban por dinero. No eran “contratistas”, es decir mercenarios. Lo hacían por convicciones, por patriotismo;
– Las condiciones de confinamiento de los cubanos en los Estados Unidos han sido abusivas, violatorias de sus derechos –constantes aislamientos, celdas de castigo, y en algunos casos, negación de visas a sus esposas, y obstáculos para sus abogados–, mientras que Gross ha recibido en Cuba un tratamiento diferenciado, cumple su condena en una celda con aire acondicionado y un menú que atiende sus necesidades médicas. Abogados, familiares y políticos norteamericanos han podido visitarlo con libertad, y a pesar del trato médico permanente que recibe, se autorizó recientemente la visita de médicos de su país. Los cubanos, por demás, han cumplido ya quince años en cárceles norteamericanas, mientras que Gross apenas tres.
Es absurdo condenar la defensa, e ignorar la agresión. Ya que están en la misma guerra, la que impuso a Cuba el Gobierno de los Estados Unidos –este por derribar el sistema cubano, elegido por su pueblo; Cuba, por impedir que esto suceda–, y pese a que los Cinco cubanos no son “contratistas” sino héroes, la simultánea condonación de las penas de aquellos y la de Gross sería un acto de paz razonable. Quiero recordar estas palabras de René González, tomadas de su alegato de defensa en el amañado juicio a los Cinco:
Ni la evidencia en este caso, ni la historia, ni nuestros conceptos ni la educación que recibimos apoyan la absurda idea de que Cuba quiera destruir a los Estados Unidos. (…) Y si se me permitiera la licencia, como descendiente de norteamericanos laboriosos y trabajadores, con el privilegio de haber nacido en este país y el privilegio de haber crecido en Cuba, le diría al noble pueblo norteamericano que no mire tan al sur para ver el peligro a los Estados Unidos.
Aférrense a los valores reales y genuinos que motivaron las almas de los padres fundadores de esta patria. Es la falta de esos valores pospuestos ante otros, menos idealistas intereses, el peligro real para esa sociedad. El poder y la tecnología pueden convertirse en una debilidad si no están en las manos de personas cultivadas, y el odio y la ignorancia que hemos visto aquí hacia un pequeño país, que nadie aquí conoce, puede ser peligroso cuando se combina con un sentido enceguecedor de poder y de falsa superioridad. Regresen a Mark Twain y olvídense de Rambo si realmente quieren dejar un mejor país a sus hijos.

Una verdadera fiesta del saber

Texto y fotos: Angela Santiesteban Blanco

Ayer fue un día diferente en el periódico Sierra Maestra, se rompió la rutina del primer día de labor: matutino, reunión de calidad, y coordinación del trabajo de la semana, hoy la sede del rotativo acogió la defensa de tres Trabajos de Diplomas de estudiantes que terminaron su carrera universitaria.

En su condición de Unidad Docente el decano de los periódicos del país, fundado en 1957, por idea del joven revolucionario y santiaguero Frank País García, fue testigo de una verdadera fiesta del saber.

Las diplomantes dando muestras de lo aprendido en los cinco años de estudios, donde solamente pusieron a prueba su intelecto, interés y perseverancia para lograr el ansiado título de licenciadas en periodismo, sin que para esto mediara la condición social, el color de la piel o el credo religioso.

La sala teatro de Sierra Maestra fue testigo de estas exposiciones y defensas, las que reseñaron pasajes de la vida y obra de quienes en su época y haciendo honor a la profesión se convirtieron en verdaderos cronistas del siglo pasado en el territorio, comenzando a escribir una historia que para muchos se estaba olvidando.

Un prestigioso tribunal conformado por profesores, masteres y doctores en ciencias de la comunicación les otorgaron a estas tres estudiantes, hoy devenidas colegas, la máxima calificación a sus tesis de grado.

Fue una mañana diferente hasta para los que ya peinan canas, pues fue contagioso el nerviosismo, la alegría y hasta una que otra lágrima al escuchar del quehacer de esos grandes que ya no están y que alguna vez compartieron coberturas con aquellos que en esa época comenzaban a dar los primeros pasos en el periodismo.

Terminada la exposición y las notas, llegaron los abrazos, las felicitaciones, la exhortación a continuar las investigaciones, la superación diaria y por supuesto, no podía faltar la fotografía para el recuerdo.

Descemer Bueno: “Ser cubano es mi suerte más grande”.

Tomado de la koladita

Para Descemer Bueno estar en su país significa una gran oportunidad de demostrar todo lo que ha aprendido y conectar con el público. “Es un sueño hecho realidad”, comentó el artista a Cubahora.

Durante la media hora que nos brindó, habló de sus años iniciales, de su forma de componer y de su disco Bueno, un fonograma con el que conquistó dos premios y el galardón de compositor del año, en el recién finalizado Festival Cubadisco 2013.

¿Qué significa ser el compositor del año?

Es la primera vez que obtengo un premio de esta altura. Yo he ganado cuatro premios ASCAP, obtenidos por tener una canción en el top ten de la revista Billboard, pero el hecho de estar en mi país y que Cubadisco, que juzga el trabajo de las casas discográficas y la calidad de los discos y los autores, me otorgue el premio como compositor del año sin dudas es muy importante para mis próximos años de carrera artística. Esto me ayuda a seguir trabajando, a seguir impulsando la música cubana a toda hora.

Yo en Cubadisco estaba como el espectador más naive de todo el teatro, desayunándome todo lo que estaba sucediendo en la música en Cuba. Algo me llamó mucho la atención: los discos de Gema Corredera, Niuver, quienes viven fuera de nuestro país, pero que son fieles defensores de la cultura cubana. Eso expresa la evolución de nuestra cultura.

¿De dónde vienen las canciones del disco Bueno?

Llegan de distintos lugares, porque el disco Bueno venía gestándose hacía mucho tiempo. Cuando en 2005 terminé con Universal Music Latin, hice muchos intentos de discos, porque quedaban muchas canciones en el aire que no sabía qué hacer con ellas, pues no se las puedes dar a otros, ya que son demasiado personales. Cuba da la oportunidad de difundir tu música por distintos medios, como la radio o TV. Aquí los artistas tienen muchas posibilidades, pero se tiene que enfrentar a un público muy duro. Me ha pasado que con cosas que me encantan, ellos las desechan, sin embargo, ya entiendo: no porque me guste, el pueblo va a aceptarlo. Eso pasa con mi carrera. He transitado por distintos momentos y por primera vez he conectado con la masa. Incluso veo que hay alegría porque existan mis canciones y eso me halaga.

¿Qué te motiva a escribir?

Me inspira la espiritualidad que puede surgir en un momento entre dos compositores. Yo nunca he escogido temáticas para hacer mis canciones, aunque puede que lo haga en el futuro, pero creo que temas como el amor y las relaciones humanas son los que más me interesa expresar a través de mis canciones.

Creo que la música está muy subvalorada en el mundo entero. No se le da el espacio necesario. Para mí la música es lo primero, es comunicación y merece una defensa. Por esa razón he tenido que luchar contra las puertas cerradas por ser músico y cubano.

¿Referentes musicales?

Todos los haitianos, coreanos, música clásica, africanos. Yo creo que soy un producto convincente de la música cubana y su mixtura.

¿Qué te lleva a empezar a componer?

Las primeras cosas que escribí las he perdido y es lo que más me duele. Yo estudié guitarra clásica y fui de los primeros que se graduó con una obra escrita. Me encantó graduarme con una pieza mía y solo la recuerdo, pero nunca la escribí. Yo tuve el deseo de componer antes de llegar al Instituto Superior de Arte, aunque nunca fui.

¿Por qué terminaste?

Ya había estudiado mucho, necesitaba salir, exponerme al mundo de la música, probarme. Además, sabía que no iba a ser un guitarrista clásico. Yo componía mucha música instrumental antes de graduarme de la Amadeo Roldán, pues teníamos un grupo Estado de Ánimo, que luego acompañó a Santiago Feliú.

Creo que la composición la traigo de los pasillos de la escuela, donde todos querían ser grandes jazzistas y con esa formación ya estaba contento. Ahora puedo decir que compartí con Steve Coleman o que impartí clases en la Universidad de Stanford con los grandes del jazz.

Siempre recuerdo cómo en Stanford me decían “Rock Star”, porque los demás del grupo eran jazzistas y yo era un “rock star”. Aquello me ponía de mal humor y no era mi intención, para nada, cantar y mira ahora mi vida. Nunca pensé que tendría la oportunidad de contactar con el público y le agradezco a los santos por eso, pues esas cosas son tan efímeras.

Cuéntanos de tu experiencia en Yerba Buena.

Con ellos aprendí mucho. Llegué en el 2000, con la idea de hacer unas canciones para Xiomara Laugart, con una visa por tres meses y estuve dos años. Pasaron cosas impresionantes en mi vida, conocí una ciudad como Nueva York, para mí es una ciudad de gente que va por una semana y se queda toda la vida. Tú nunca sabes qué te puede pasar o a quién vas a conocer. Ahí conocí a Norah Jones y Kanye West y un día me asomé por la ventana y vi las Torres cayendo.

Y por eso mi música se nutrió de esta mezcla de nacionalidades y de experiencias. La divina providencia me llevó hasta allí, para que naciera Yerba Buena, donde pude interactuar de una manera muy humana con una forma muy bárbara de consumir.

El grupo fue una oportunidad de investigar en otras músicas africanas, en la cumbia, en la música norteña. En ocasiones algunos artistas me criticaron por mezclar la música cubana, pero esa era mi intención: aprender.

Me fui de Yerba Buena después de un trabajo muy bonito y serio. Fundé mi primer grupo 7 Rayos con el que saqué el único disco antes de Bueno. Salió en 2005 y le cayó encima toda la fuerza de la música urbana del momento, el reguetón. En este fonograma lo mismo hay una balada que una salsa, fue más un experimento.

Por eso hice tantas cosas hasta lograr este disco, Bueno, que es el resultado de saber cuál va a ser mi carrera.

¿Cómo es el trabajo de colaboración con músicos cubanos y extranjeros?

Llevo muchos años haciendo colaboraciones en el jazz y es una suerte poder llegar a otro país y ser capaz de comunicarte con otros músicos. Eso sucede cuando empiezas a verte como el eje que puede llegar a impulsar las cosas. Lo digo porque los músicos en ocasiones nos vemos desde un punto de vista en el que se cree que solo son cantantes, pero podemos desarrollarnos y llegar a ser artistas, que es lo que ha pasado con mi vida.

Componer canciones y cantarlas…

Yo he estado en lugares donde la gente no sabe que soy el compositor de Lloro por ti, Cuando me enamoro, No me digas que no, Ayer, entre otras. Pero no solo he escrito para Enrique Iglesias, sino también para Luz Casal, Thalía, Luis Fonsi.

¿Cómo es escribir con músicos como Enrique Iglesias?

Componer con Enrique Iglesias y participar en su equipo año tras año para mí tiene un valor muy grande. Él me decía: “yo no soy el mejor cantante, yo soy uno de los que mejor escoge sus canciones”. De eso he aprendido. Por eso tengo que decir que Enrique es uno de los que más me ha impulsado a empezar mi propia carrera.

Y por eso pienso lo mismo que él, aunque no sea un gran cantante, sí puedo empezar a cantar mis canciones y llegar a la gente.

¿Qué se siente al ser reconocido en Cuba?

Lograr identificarme con las personas lo he aprendido en Cuba. Una de las suertes más grandes que he tenido es ser cubano y haber transitado por todas las dificultades en la historia de mi país. Siento que no solo vengo de lo que soy capaz de ser ahora, siento que fui mambí, uno de esos músicos ambulantes. La historia la siento muy enraizada a mi forma de ser y escribir.

Creo que he llegado al corazón de las personas y eso es un logro. Yo soy universalmente religioso y por eso respeto las creencias de todos. Tal vez por eso mi música llega a tantas personas diferentes. Creo que el pueblo es el policía, el aduanero, el doctor, el que no sabe nada, uno no se plantea llegar a cada una de esas personas, ellas llegan a ti.