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Blasó es mucha Blasó

Texto y Fotos: Angela Santiesteban Blanco

DSC060544444444444444444444444444444444444El 3 de febrero pasado, un equipo de prensa de este semanario emprendió viaje al Consejo Popular Los Reinalados, en el municipio de Songo La Maya, en busca de una centenaria descendiente de mabí, que festejaba su onomástico número 100.

En el trayecto por un terraplén algo abrupto y empolvado a consecuencias de la terrible sequía por la que atraviesa la provincia, íbamos pensado en cómo sería nuestra conversación con la anciana y nos preguntábamos: ¿Aún tendrá memoria? ¿Podrá hilvanar las ideas? ¿Recordará pasajes de su vida y de la familia?, ya veremos.

Después de más de una hora de camino, llegamos a la casa de Blasa Garbey Peralta, en el asentamiento poblacional de Jurisdicción, quien acompañada de casi toda su descendencia celebraba su cumpleaños.

Blasó, como le dicen en el barrio, es una longeva de pequeña estatura, delgada, afable, cariñosa, con una memoria envidiable y una respuesta a flor de labios llevó la voz cantante en al conversación y si nos llevamos por sus anécdotas y recuerdos todavía estuviéramos en su vivienda.

“Nací en el 1915, hoy cumplo 100 añitosss, y quisiera saber cómo he llegado a esta edad porque he trabajado mucho, no sé cómo me puedo conservar así. Bueno, jamás en mi vida me ‘pinté’ la cara, y nunca tomé bebidas.

“Mi padre se llamaba Urbano Garbey y Garbey, aquí tengo la medalla de su condición de mabí, el cordón de su sombrero, y esta foto. Yo estaba chiquita, pero me dijeron que estuvo al lado de José Martí.DSC0605900000000000000000000000000000000000

“Mi padre fue muy recto, y a pesar de la pobreza nos educó y nos enseñó siempre hacer el bien, yo herede esas enseñanzas y se las transmití a mis hijos.

“Ja, ja, ja, tuve 14 hijos, me quedan 13, porque una hembra murió hace unos años, ¿nietos? 45, bisnietos 70 y 18 tataranietos”.

Haciendo galas de su prodigiosa memoria recitó varias poesías y contó diversas anécdotas, de su vida. Recuerda cómo ayudó a los rebeldes cosiendo uniformes, haciendo brazaletes, y facilitándoles alimentos.

Dice Blasó que no le gusta viajar, y reseña que un día muy lejano en el tiempo abandonó su natal ciudad de Santiago de Cuba, para asentarse junto a su esposo, panadero de oficio, en Jurisdicción.

“Al principio lloraba mucho, estaba lejos de toda la familia, poco a poco me fui acostumbrando y de aquí no me muevo hasta que estire la ‘patica’ y me metan el la cajita de conserva pa’la sepultura.

“Ya yo no viajo, ni a Santiago, es muy molesto, y no me gusta montarme en camiones. Tú sabes lo que me pasó hace un tiempo, venía de allá y un hombre me obligó a montarme en uno, me abrazó y me dijo que me iba a cuidar que no me preocupara.

“Él empezó decirme que conoció una señora en Jurisdicción, que era muy agradable, y tenía un ‘puesto’ donde vendía algunos comestibles, si necesitaba algo lo ayudaba siempre. Estaba hablando de mi, y yo callada para ver si en la ‘conversa’ decía algo malo sobre mi persona, y de momento expresa, ya ella tiene que haberse muerto y dígole, mira esa señora aquí ¡cómo que usted es Blasó! Si llega a decir algo malo, no sé que hubiera pasado”.

“Aquí la que manda es bulé y mis hijos tienen que contar conmigo para hacer cualquier cosas aunque están grandes y trabajan”.

DSC06077222222777777777777“Aja, sí bailo, pero hoy no voy hacerlo porque me quieres retratar y no va, te vas ha quedar ahí hasta la noche, pero no voy a mover un pié”. El ritmo contagioso de la música de Cándido Fabré fue más fuerte que su negativa, y se paró a bailar con tremendo ritmo y cadencia.

Pero, algo nos llamó la atención, el cúmpleños de Blasó fue una fiesta de los lugareños, todos cooperaron, los niños de la Escuela Primaria, los vecinos, en fin todos la felicitaron y les desearon larga vida.

En la noche del 2 de febrero le dieron una serenata esperando el cumple y el día 3 desde bien temprano en la mañana había tremendo vaivén en la vivienda, los factores de la comunidad le prepararon una gran fiesta, hasta con un grupo musical del municipio que toca Changüí.

Al despedirnos, jocosamente manifestó: “¿El año que viene, voy a celebrar los 101? Mi madre y entonces cuántos voy a vivir”. Parafraseando a los antiguos romanos larga vida a Blasó.

El derecho a una vida digna

INDIRA FERRER ALONSO
casamalaSu nombre es Cristina, y su historia parece cosa de película;lamentablemente esta santiaguera ganó entre sus vecinos el extraño apodo de “la confinada” porque nadie la vio durante años, presuntamente por decisión de su esposo.
El enclaustramiento de aquella mujer suscitó tétricas historias sobre Rey, su cónyuge; pero lo cierto es que vivían en una casa derruida del barrio de Altamira, en Santiago de Cuba.
Hoy hace un año que llegué a esa vivienda; me habían contado que el marido era un hombre temerario, de trato amable con algunos vecinos, pero sumamente agresivo cuando alguien se atrevía a mencionar a su mujer o a pedirle que dejara verla.
Recuerdo que subimos el empinado trillo que da acceso al caserío tres médicos, una enfermera, dos fotógrafos y yo. No era la primera vez que las doctoras visitaban la residencia. Una de ellas intentó hablar con Cristina un día, aprovechando que Rey se encontraba trabajando en una parcela cerca de allí, pero le fue imposible, una de las hijas se opuso y le advirtió que se atuviera a las consecuencias cuando su padre lo supiera.
La otra cuenta que pudo verla una mañana cuando, con el pretexto de realizar una inspección sanitaria al inmueble, pidió entrar a la habitación de la anciana. No obstante, apenas pudo dirigirle una mirada antes de que la señora comenzara a gritarle que se largara y a lanzarle piedras.
La mujer de 70 años y su familia se convirtieron en un enigma para el personal de Salud. En medio de una desfavorable situación epidemiológica constituían pacientes de riesgo por las malas condiciones higiénicas del hogar y la negación a recibir asistencia médica.

*El primer encuentro con Rey*

Caminamos alrededor de la vivienda. Era una construcción de mampostería y adobes sumamente rudimentaria a la que nunca se le puso ventanas –en el espacio de estas hay láminas de zinc y pedazos de madera que impedían ver hacia el interior. No contaba con baño, ni instalaciones eléctricas e hidráulicas.
A continuación había otra casita de madera, con piso de tierra y muy malas condiciones higiénicas, donde vivía una de las hijas. Y en la parte trasera, toda cercada con madera, un espacio techado donde amontonaban botellas viejas, y otros desechos que Rey considera útiles.
Allí nos recibió.
Aquel día los médicos pudieron convencerlo aduciendo que solo pretendían revisar los depósitos de agua, Rey accedió porque para todos los cubanos esta inspección rutinaria es común, pues forma parte de la lucha antivectorial que impulsa el sistema de Salud.
Después de mostrar los recipientes y de aceptar las sugerencias sobre cómo limpiar el lugar, alguien preguntó por Cristina.
“¿Cuál es el problema de ustedes, qué quieren? ¡Cristina está bien y no se ha puesto ropa hoy, no la pueden ver!”-dijo visiblemente alterado.
A partir de ese momento, los 25 o 30 minutos que estuvimos allí fueron como una película: en vano, insistieron todo el tiempo los doctores en la necesidad de medirle la tensión arterial y examinarla, pues tanto ella como él son ancianos.
Mientras hablábamos, Cristina caminaba de un lado a otro en ese cuarto oscuro y a ratos nos observaba por las hendijas de la puerta y las clausuradas ventanas. Después comenzó a gritar ofensas y a exigir que nos fuéramos, a pesar de que él la mandaba a callar.
Ya a la salida, quisimos fijar una fecha para que los médicos del área de salud pudieran visitarlos y atenderlos. Él respondió con evasivas todo el tiempo.
Salí de allí pensando en cómo ayudar aquellas personas… me preguntaba si era ético informar en la prensa las penurias en que vivían aquellos ancianos y convertir el encierro de Cristina –fruto tal vez de una enfermedad mental- en un asunto público.
Redacté las vivencias de aquel día, opiniones de vecinos, de médicos de la comunidad, y presenté mi escrito a las autoridades del Partido y el Gobierno en esta provincia.

*Una vida digna*

Ayudar a Cristina y Rey fue una tarea en la que pusieron su empeño varias instituciones. Ellos fueron atendidos, junto a una de sus tres hijas, en el hospital clínico quirúrgico Juan Bruno Zayas. Llegaron a la institución desnutridos, con anemia; a los ancianos se les diagnosticó esquizofrenia.
El ingreso duró casi un mes, tiempo en el que fue demolida aquella especie de “caverna” que habitaban y cuya destrucción fue el inicio de las obras para darles el inmueble que poseen hoy.
Ventilada y espaciosa, la casa actual es de madera. Mucho ha cambiado aquel entorno: la calle que da acceso a la vivienda fue pavimentada; la casa tiene un portal amplio, y fue desbrozado el bosque de marabú que la circundaba.
Cuando visité el lugar, hace unos días, descubrí la posición privilegiada del ancho portal. Desde allí puede verse casi toda la ciudad, y la vivienda -si bien modesta- está completamente amueblada.
A esta familia le fueron entregados gratuitamente todos los recursos con que cuenta: televisor, radio, refrigerador, cocina y ollas eléctricas, colchones, depósitos para el agua, etc.
Casi olvidé mi primera impresión sobre aquellas personas cuando Rey accedió gustoso a contarnos el asedio de los chicos del barrio, que intentaban ver a Cristina.
Él no me recordaba, claro, y quiso contarme su historia. Desmintió que alguna vez se negara a dejarla salir y me relató las enormes comodidades de su antiguo hogar, según él muy superior al sitio que ahora habitan.
El anciano fuerte y vigoroso, que no sabe a ciencia cierta su edad ni la de su mujer, sufre un serio trastorno mental; pero esta vez era un sagaz interlocutor, muy amable y dispuesto a convencernos (al fotógrafo y a mí) de que el confinamiento fue solo un rumor.
Nunca olvidaré cómo decidió demostrarlo: en medio de la charla llamó a su esposa, nos la presentó y aunque ella no dijo ni una palabra, su aspecto tranquilo, su mirada dulce y aquella lánguida sonrisa que a veces esbozaba mirando su nuevo hogar, tenían el color de un derecho que alguna vez perdió.
Tal vez no pudiera explicarlo, puede no tenga conciencia de todo lo que les ocurrió, no importa si lo agradecen… pocas veces he sentido tanta alegría como en los minutos en que la tuve ante mí viviendo una vida digna.

Inspiración, compromiso, propósito…

Ser estudiante en Cuba es algo mágico. Aunque algunos por su corta edad todavía no alcancen a entenderlo, a estas alturas de mi vida puedo asegurar que fui una estudiante feliz…

Tomado de CUBAHORA
thumbnail-dsc02520.jpgestudiiiiiSer estudiante en Cuba es algo mágico. Aunque algunos por su corta edad todavía no alcancen a entenderlo, a estas alturas de mi vida puedo asegurar que fui una estudiante feliz…
Amanece. La alarma no deja de recordarlo. Definitivamente amanece y de muy poco vale el hecho de ignorarlo; el día, desde la noche anterior, sabes que será un poco agitado… Filosofía, Historia Antigua, Economía Política… todos turnos dobles. “¿Cuándo se acabarán las dichosas clases?” murmuras como cada mañana desde hace algunos años, y otra vez la alarma insiste en anunciar que necesitas levantarte ya o llegarás demasiado tarde a clases.
Así transcurrieron muchas de mis mañanas cuando aún era estudiante: ansiando el día en que finalmente tendría un centro de trabajo. Pero claro, a esa edad no siempre uno comprende que está viviendo, tal vez, los años más despreocupados de la vida… los más intensos.

Ser estudiante, en Cuba, es algo mágico. Aunque algunos por su corta edad todavía no alcancen a entenderlo, a estas alturas de mi vida puedo asegurar que fui una estudiante feliz a pesar del único par de zapatos para asistir al aula en tiempos de Periodo Especial, de mis majaderías alimenticias en la beca, de los infinitos viajes a la Universidad de Oriente en el más insospechado de los transportes, de la escasez de agua o de las distancias para el abrazo materno.

Estudiar fue siempre, durante casi dos décadas, la única meta.
Por eso, cuando este 17 de noviembre más de cien países en el mundo —incluida Cuba— celebran el Día Internacional del Estudiante, en mi mente despiertan un montón de recuerdos.

“¿Por qué el 17 de noviembre?”, se preguntarán algunos. Y es que, precisamente ese día de 1939, un grupo de jóvenes checoslovacos, decidido a liberar su tierra natal del yugo hitleriano, protagonizó una heroica resistencia en las calles de Praga.

Desde entonces, la fecha se ha convertido, en diversas épocas y rincones del planeta, en fuente de inspiración para los estudiantes en sus luchas contra regímenes represivos. Fue por ello que, en 1941, el Consejo Mundial de Estudiantes proclamó el 17 de noviembre como el Día Internacional del Estudiante.

En Cuba, cada 17 de noviembre es una fiesta de risas y trabajo, de estudio y canciones. No importan la edad o la enseñanza que se curse. Cuando se es estudiante el tiempo es como un suspiro, solo que apenas alcanzamos a comprenderlo, inmersos como estamos entonces entre tantos libros, asignaturas y nuevos conocimientos, disfrutando cada minuto, como si fuera el último; pensando apenas en las tareas pendientes, en no llegar tarde a clases, o incluso, en cómo escabullirnos de uno que otro turno sin que el profesor lo note.

Tal vez sea esa una de las mejores etapas en la vida.

Y es que, desde hace más de medio siglo nuestra Cuba dejó atrás los tristes hechos de protestas y huelgas estudiantiles en las cuales se exigía el derecho a estudiar con dignidad. El Día Internacional del Estudiante es una jornada de alegría y colores, como también lo es el curso escolar todo. En nuestro país podemos enorgullecernos de haber alcanzado los más nobles propósitos educacionales, donde niños, adolescentes, jóvenes y hasta adultos mayores, tienen garantizada una escuela, un aula, un maestro o profesor, todo de forma gratuita.

Cada 17 de noviembre debe convertirse entonces en un motivo más para buscar nuevas fórmulas de aprendizaje, donde “estudiar no sea sólo fijar datos de memoria, aprobar un examen o responder una pregunta del maestro, sino un proceso donde todo lo adquirido sirva de sostén para el futuro”.

Concursos, peñas deportivas, expo-ventas de libros y revistas, tertulias, “descargas” de trova, poesía y jazz, proyección y debate de filmes inspirados en obras literarias, espectáculos humorísticos, muestras de las artes plásticas y más, inundan hoy el quehacer cotidiano en nuestros centros de enseñanza.

Parques, comunidades y escuelas se contagian; también padres, alumnos, profesores… porque es una fiesta de todos y para todos. Amanece al fin. Cuba entera está de fiesta: es el Día Internacional del Estudiante.

Cumple años el cuento El patico feo

Angela Santiesteban Blanco

220px-Constantin_Hansen_1836_-_HC_AndersenEl cuento de El patico feo, se publica por primera vez el 11 de noviembre de 1843. Uno de los clásicos de Hans Christian Andersen, donde relata la historia de un patico más grande, torpe y feo que sus hermanitos. Años más tarde Wals Dysney, lo lleva a la pantalla.

Este cuento, con su graciosa parodia de la autoestima humana, se considera una metáfora en el crecimiento de un niño.
Como cuento de hadas, es utilizado para hacer que los niños se sientan menos avergonzados sobre sus diferencias.
La moraleja de la historia está oculta en el cuento, – es un ejemplo de la vida real- podría ser para un niño o una niña que actúe diferente a los demás y no se sienta aceptado, provocándole tristeza.

El relato, trae la esperanza de que esas diferencias en lugar de ser defectos, pudieran resultar ser cualidades especiales en el futuro. El patico feo se ha convertido en una metáfora que se aplica a cualquier asunto de la vida.

En un principio el valor de esta obra no fue muy apreciado, en consecuencia tuvo poca venta.
En 1838, Hans Christian Andersen ya era un escritor establecido y la fama de sus cuentos fue creciendo. Comenzó a escribir una segunda serie en 1838 y una tercera en 1843, que apareció publicada con el título Cuentos nuevos. images3333333333333

Entre los más famosos están: El patico feo», El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, Las zapatillas rojas, El soldadito de plomo, El ruiseñor, La sirenita, El ave Fénix, La sombra, La princesa y el guisante, entre otros, los que han sido traducidos a más de 80 idiomas y adaptados a obras de teatro, ballets, películas, dibujos animados, juegos en CD y obras de escultura y pintura.

Andersen, sufrió una caída desde su propia cama, lo que le produjo heridas graves. Nunca volvió a recuperarse del todo, y el 4 de agosto de 1875, murió en la casa llamada Rolighed, cerca de Copenhague, donde está enterrado.
Hans Christian Andersen recibió muchos honores. En 1866 el rey de Dinamarca le concedió el título honorífico de Consejero de Estado y en 1867 fue declarado ciudadano ilustre de su ciudad natal. En su honor, desde 1956 se concede, cada dos años, el premio Hans Christian Andersen de literatura infantil.

Muñoz en Miami: “Yo sí soy revolucionario”

Tomado del Portal CubaSí

muñoz“Yo sí soy revolucionario” afirmó el gigante del Escambray, Antonio Muñoz a la prensa local de Miami el pasado sábado en una conferencia de prensa improvisada.
“Yo sí soy revolucionario” afirmó el gigante del Escambray, Antonio Muñoz a la prensa local en una conferencia de prensa improvisada en medio de la celebración del llamado Juego del Reencuentro que tuvo lugar el sábado en el Bucky Dent Park, en Hialeah, ante decenas de aficionados.
Antes de comenzar a responder las preguntas de los periodistas el pelotero cubano dijo que lo único que quería era que se le respetara su identidad y a su pueblo cubano.
Interrogado sobre los resultados de los peloteros cubanos que actualmente juegan hoy en las grandes ligas, específicamente el caso de Pito Abreu a quien el gigante entrenó en Cuba, Muñoz aseguró que no le sorprendieron sus números “porque nuestro béisbol para mi es el mejor béisbol del mundo porque fue el que yo jugué. Pero el béisbol nuestro tiene un nivel, aquí como que buscan hombres de otros países por su calidad y lo pagan, él entre esos hombres se destacó. Entonces yo lo admiro como admiro a Puig a Arrebaruena y como admiro a todos los cubanos que han pasado por las Grandes y las Menores Ligas que han demostrado la calidad del béisbol cubano”.
Sobre este tema el Gigante del Escambray afirmó que “no ha bajado actualmente la calidad del béisbol en Cuba, lo que hubo un momento en que se retiraron un grupo de atletas que yo creo que todavía podían haber jugado béisbol. Como te puedo hablar de Cienfuegos donde un grupo de atletas con la calidad de Pito Abreu, Arrebaruena y otros que vinieron para acá y esas posiciones se nos quedaron nulas, pero estamos trabajando en base a volver a hacer un equipo porque tenemos allí talento y tenemos calidad”.
A la pregunta de que si esos nuevos talentos decidieran también venir para acá Muñoz respondió que él no puede responder por ellos.
Sobre la tentación que significan los altos sueldos que se le pagan a esos peloteros Muñoz afirmó: “Yo con el que tengo en Cuba vivo, eso no me interesa. La tentación debe ser del que firma ese sueldo, yo no firmo ese sueldo y yo con lo que me da el gobierno cubano revolucionario y el pueblo de Cuba, vivo.
¿Entonces tú eres revolucionario? -preguntó alguien.
“Yo sí soy revolucionario, respondió con firmeza el Gigante, porque nací en Cuba y jamás he criticado a nadie que venga para acá. Pero sí soy revolucionario porque me eduqué con la revolución, vivo con la revolución y muchas oportunidades que me ha dado”.
Según reportó el periódico oficialista de la mafia anticubana de Miami, El Nuevo Herald, estas palabras de Muñoz generaron una discusión que terminó luego que se llevaran al Gigante del Escambray.
El legendario pelotero cubano se encuentra en Miami desde hace una semana invitado por un grupo de amigos.