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Así era Camilo

Angela Santiesteban Blanco

Camilo Cienfuegos Gorriarán, una de las figuras más emblemáticas de la Revolución cubana, nació el 6 de febrero de 1932; conocido como: “El Señor de la Vanguardia”, “El Héroe de Yaguajay”, “El Héroe del Sombrero Alón”,  o “El Comandante del Pueblo”, fue uno de los más intrépidos combatientes del Ejército Rebelde.
Siempre lo recordamos como el Héroe de Yaguajay, siempre al lado de Fidel, audaz, valeroso, honesto, y valiente, siempre en el pelotón de vanguardia, primero en la columna #1 “José Martí”, al mando del Comandante Fidel Castro, y más tarde en la #4 “Ciro Redondo”, comandada por el Che.
El Señor de la Vanguardia solo tenía 27años de edad, cuando el 28 de octubre de 1959 desapareció en el mar. Por eso cada año este día ríos y mares de Cuba se llenan de flores, el pueblo le rinde homenaje a su héroe.

Pero hoy queremos recordarlo de una manera diferente, queremosrecordar al hombre que se llamó Camilo Cienfuegos, al hombre de carne y huesos, con varias anécdotas tomadas del libro: Camilo Cienfuegos. “El hombre de mil anécdotas”, de Guillermo Cabrera Álvarez.
Fragmento de una carta de una carta de Camilo a sus padres:
El viaje no es muy largo, pero el mulo en que pienso hacer el regreso es vago y bruto como no hay dos, cuando vine tuve que apearme tres veces a empujarlo, y eso que era loma abajo. Ahora que es loma arriba tendré que echármelo a cuesta, como si fuera la mochila.
Narrado por Ernesto Che Guevara.
El “bando comelón”:
Camilo tenía hambre y quería comer; tuvimos fuertes “broncas” con Camilo porque quería constantemente meterse en los bohíos para pedir algo y, dos veces, por seguir los consejos del “bando comelón” estuvimos a punto de caer en las manos de un ejército que había asesinado allí a decenas de nuestros compañeros.
Al noveno día, la parte “glotona” triunfó; fuimos a un bohío, comimos y nos enfermamos todos, pero entre los más enfermos, naturalmente, estaba Camilo, que había engullido como un león un cabrito entero.
Fragmento de una carta de Camilo a Fidel.
Un minuto de silencio:
Fuimos al panteón donde cayó el Apóstol y colocamos como él quería una bandera y un ramo de rosas, y se puso otra bandera, la del 26. Hicimos un minuto de silencio en memoria de los caídos y dos descargas de fusilería. De más está decirle que la aviación ametralló más tarde los alrededores.
Aquello es una vergüenza como está de abandonado. Tenía planeado mandar a limpiarle y arreglar el lugar. Ya nos encargamos de hacerlo.
Narrado por William Gálvez, guerrillero invasor, autor de varios libros sobre la vida de Camilo.
Ese “matasanos”:
La primera vez que William Gálvez vio a Camilo fue en el Hombrito. El guerrillero ya legendario venía a la “consulta” de Ernesto. Fue también la primera jarana que le escuchara. Estaba risueño y comentó su preocupación de extraerse una muela con el Che.
– ¿Cómo es posible -comentó William- si el Che es médico y seguro no te va a doler?
– No, no es porque me duela, sino porque ese “matasanos” de seguro me saca una buena y no la mala.
De la memoria popular:
El Che visitaba la zona de Yaguajay para discutir con Camilo los pasos a seguir. La presencia del legendario guerrillero argentino provocó la lógica curiosidad y muchos pobladores del lugar se acercaron para verlo; se asomaban por todos lados.
En medio de la conversación, antes de iniciar la reunión que sería privada, Camilo, al notar la curiosidad de los campesinos, le comentó a Ernesto Guevara:
– Ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: Te voy a meter en una jaula y recorrer el país cobrando cinco kilos la entrada para verte. ¡Me hago rico!
De la memoria popular:
Después del triunfo de la revolución, Fidel y Camilo, los inseparables guerrilleros, acudían con regularidad a los encuentros de pelota, algunas veces como espectadores y otras como activos participantes.
En una ocasión en que ambos acudieron al estadio del Cerro para participar en un desafío que se desarrollaría esa noche, surgió la idea de que en las dos novenas jugaran los guerrilleros en una división que daría al juego mucha viveza.
Camilo, acariciando su amplia barba oía la proposición y mascaba fuertemente su tabaco, mientras exhalaba el humo con vigor. Cuando concluyeron de explicarle la idea, respondió como un rayo: “¿Qué integre una novena contra Fidel? ¡Qué va! ¡Contra Fidel yo no estoy ni en juego!”
Ese día mientras Fidel ocupaba el montículo de los lanzadores, en la novena de Los Barbudos, Camilo le atrapaba sus líneas como receptor.
Narrado por Jorge Enrique Mendoza, guerrillero, fundador de Radio Rebelde.
Cuando habla Fidel:
Camilo y un grupo de compañero nos trasladamos a mi casa, que era la de mis padres. Muy próximo a comenzar Fidel su comparecencia por televisión, mi madre nos preparó comida a todos, y siguiendo la costumbre invitó a pasar al comedor. Camilo, muy cortésmente le dijo:
– ¿Usted no se pone brava, mi vieja, si nos llevamos los platos para la sala para poder escuchar a Fidel?
Mi madre respondió con una sonrisa -ella tampoco quería dejar de oírlo- y todos nos llevamos los platos para la sala y nos pusimos a oír a Fidel, que estaba a punto de comenzar.
En medio de la intervención del Comandante en Jefe sonó el timbre del teléfono: era una llamada local de un compañero que quería hablar con Camilo. Camilo se puso de pie, con rostro serio, y después de escuchar brevemente preguntó qué estaba haciendo. No sé lo que le contestaron, pero jamás podré olvidar la respuesta de Camilo:
-Cuando Fidel está hablando lo único que debe hacer un revolucionario es oírlo.
Narrado por Vilma Espín.
Realmente infantiles:
Camilo acostumbraba a hacerle bromas a todo el mundo, así que todos estábamos siempre un poco en guardia con él… eran bromas realmente infantiles, que hacían reír.
En los primeros tiempos, en el año 1959, cuando vivíamos en Ciudad Libertad, se celebraban en la habitación de Raúl y mía muchas reuniones.
Cuando Camilo salía, y como ya lo conocíamos, teníamos que registrarlo porque acostumbraba a llevarse, por broma, un montón de cosas en los bolsillos, y me dejaba las almohadas pintadas de corazones y con letreritos de las cosas que se habían estado conversando.
Estas son algunas de las anécdotas de Camilo, el hombre que se distinguió por su fidelidad sin límites a Fidel y a la Revolución.